enero 30, 2007

¿Mar adentro?

Rezando con Lucas 5, 1-11

Cuesta mucho volver al lugar del fracaso.
El sabor amargo de la derrota bloquea los sentidos.
El cuerpo se rehúsa.
Nadie quiere volver a sufrir.
Si ya fracasé una vez ¿qué sentido tiene volver?
Cuesta mucho volver. Mucho más, volver solos.
Cuando los fracasos se repiten, la perseverancia se transforma en capricho y el capricho, con suerte, en costumbre.
El desánimo le quita sabor al desafío. Rito vacío. Hábito.
Tirar las redes no es lo mismo que salir a pescar; del mismo modo que comer no es lo mismo que saborear, ni hablar en público, lo mismo que predicar.
Hay un componente sensible que hace que un acto aparentemente igual deje de serlo.
El fuego hace la diferencia.
Un fuego que te corre por la espina y te hace sentir que esta vez...esta vez si volverán las redes llenas. Atención que digo fuego, no certeza. Ciertas certezas adormecen las ganas.
Fuego es fe.
Confianza.
Entrega.
Le tengo miedo a la certeza cuando se habla de pesca.
¡Es tan sencillo pescar dónde uno sabe que hay peces!
Peces libres o peces pescados.
Esa certeza adormece las ganas.
La única certeza que pido es la necesaria para la fe.
Certeza de que quién me dice “tirá las redes” es Él.
Vengo de fracasos políticamente correctos, pero fracasos al fin.
Estoy limpiando las redes.
¿Qué si salí a pescar?...obvio, ¿no me viste volver?
Mañana intentaré de nuevo.
Siempre hubo peces aquí.
(Parece que ya no)
¿Salir de nuevo? ¿otra vez?
...¡mar adentro, decís! Eso es otra cosa....
Yo siempre pesco por acá, en la pecera....
¡Mar adentro es otra cosa!

Querido Jesús, te pido que me regales el valor de sobrepasar los límites; que me des el valor para dejar mis seguridades y entregarme más.
Que me des la fuerza para salir a tirar las redes allí, mar adentro, muy adentro, justo en el lugar dónde no me animé ni ayer ni hoy. Mar adentro, fuera de la pecera, dónde hacen falta pescadores. Donde se me mezclarán los peces. Donde se me tensarán las redes...mis redes...tus redes.
Amén

enero 19, 2007

Pasaje cumplido

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. (Lc 4,18-21)

Miré al que estaba al lado mío y él también me miró; se encogió de hombros y levantando las cejas expresó con un gesto lo mismo que yo estaba pensando...”¿y esto?”. Unos minutos más me quedé sentado y cuando logré no ser el primero en irme, me encaminé silencioso hacia la puerta.
Claro que estamos como estamos – me retumbaba -; miles de años esperando y siempre lo mismo. Habla lindo, dice cosas lindas, pero...

En la Argentina de hoy ¿dónde están los oprimidos, dónde los esclavos? Yo no los veo.
Para liberar a los presos ya alcanzan las leyes y la justicia... esperaba otra cosa.
Yo no veo la realidad de esta forma.
El año de gracia del Señor, el año jubilar, es una institución del antiguo pueblo de Israel...
Hoy ya no se ven multitudes esclavizadas, familias esclavizadas...

Cri – cri – cri – cri –
(pasaba el carrito y me distrajo)
- ¡Soltá, Kaaaaren, soltá que pesa!...Soltá que falta...
Cri – cri – cri – cri -
cri-cri-cri


No claro que no. Tampoco se ve gente que ha perdido su tierra a manos de los poderosos.

¡Que desastre! Tuve que dar el paso más largo, casi un salto.
Era un viejo. Sí, un viejo. No me había dado cuenta...también, así acurrucado...
recién lo vi cuando tuve mirar para esquivar el charquito de pis que corría desde las mantas.

Los pobres no piden anuncio: ¡piden plata!.
"En Argentina no trabaja el que no quiere".
"Les das una pala y te la tiran por la cabeza".
"Sí, es un país bendito: plantás un palo y te brota una escoba..."
"Una vez, yo le regalé un sándwich a uno y cuando me di vuelta, lo dejó en un tacho".
"Una cajita de vino y un “plan trabajar” para cobrar sin trabajar. Eso es lo que buscan".
"Mandan a los chicos para comprar vino".
¡Pobre Jesús, se quedó en el tiempo!.
El mundo cambió y Él no se actualiza.
Yo no veo las cosas de ese modo.
Nadie, las ve así.
Por eso cada vez están más vacías las iglesias...¡porque estamos lejos de la realidad!

Mientras mascullaba estas cosas esperando que cambie la luz del semáforo, una mano me tocó y sobresaltó.
- ¡Jesús! ¿qué hacés acá?
- Te seguía...nos queda pendiente lo de la promesa.
- ¿Promesa? ¿Qué promesa?
- La del pasaje que dije que se había cumplido hoy.
- Bueno, sí...sabrás perdonar. Venía justo pensando en eso...
- ¡Esperá!, no sigas...-me dijo mientras se mojaba el pulgar con saliva –

Sin quitarme la vista de los ojos, me acercó su mano y yo, instintivamente cerré los míos. Sentí que me tocaba. Que me tocaba en serio.

- Dentro de un rato contame cómo vas. Dentro de un rato... cuando puedas ver.

Querido Jesús:
Tocame de nuevo que todavía veo borroso.
Tocanos de nuevo, que muchos, todavía vemos borroso.
Amén.



enero 12, 2007

Vino y milagro

Sigo rezando con Juan 2, 1-11

El vino con el que Él llena mis jarras es vida.
Vida que da sentido profundo a mi vida.
Cuando se me acaba el vino pierdo la alegría y ya no puedo ni alegrarme ni alegrar.
Dejo de disfrutar lo verdadero.
Dejo de valorar lo valioso.
De contemplar lo bello.
De escuchar lo armónico.
De gustar lo sabroso.
De sentir lo terso.
De honrar lo honorable.
De admirar lo sublime.
De pensar lo profundo.
De amar lo amable y de encontrar amable lo árido.
Dejo de percibir lo sensible.
De valorar lo justo.
De elegir lo bueno.
De agradecer lo gratuito.
De hacer y de dar; de recibir y volver a dar.
Dejo...

Todo intento que haga por rellenar yo mismo las jarras es una falsificación.
Durará un tiempo y volverá a acabarse.
¡Hay tantas formas de falsificar el vino!
Pobres y ricos nos especializamos en este arte.
Cachuña*, eficiencia, consumismo, wisky importado, ostentación (de miseria u opulencia, da igual), violencia en todas sus formas. Exceso de trabajo. Exceso de autocompasión.
Abandono. Hiperactividad... miles de formas de rellenar jarras en forma provisoria. Todas provisorias. Todas intoxican. Todas mortales.
Sólo uno llena las jarras con vino del bueno.
Sólo Uno.
Sólo Él.

Virgencita buena, te pido que mires aunque sea de reojo mis jarras; que me invites a pedir con vos cuando estén vacías, y cuando llegue el momento en que indiques “hace lo que Él te diga”...yo vaya, y si no voy, me lleves.
Amén


* La cachuña es una bebida improvisada que se prepara habitualmente con alcohol fino y agua, a la que puede agregársele algún jugo, azúcar quemada u otra bebida para darle algo de sabor. Es consumida en general por personas en situaciones de marginación. Mata. En realidad re-mata: primero mató la injusticia.

enero 11, 2007

Bodas y milagro

Rezando con Juan 2, 1-11

Hasta que no se agota el vino, no hay lugar para el milagro.
Mientras las jarras están llenas, es innecesario el milagro.
Vivo con alegría inconsciente la abundancia finita.
Mientras haya vino, ¿para qué?
Estamos de fiesta.
Esta es mí fiesta.
Mi fiesta. Mi vino. Mi alegría.

Pero, en algún momento se vacía la jarra.
Con suerte, una. Muchas veces, todas.
Jesús siempre está; siempre estuvo.
Todavía no ha llegado su hora. Mi hora.

Tiempo de milagro es tiempo de entrega.
Reconozco mi jarra vacía y ya nada más puedo hacer.
Se va acabar la fiesta. Sin vino no hay festejo.
Levanto la cabeza preocupado y miro el entorno.
Nadie se dio cuenta todavía.
Todos siguen festejando.
También ellos creen que el vaso nunca se acabará.
Todos siguen festejando menos yo.
¡Alguien me vio! (Mejor tapo la jarra). Mejor salgo un rato a pensar.
No me animo a pedir, pero pido.
¡Alguien se dio cuenta!
¿Habrá llegado mi hora?
Entonces llegó Su hora.
¿Pero, a quién se le ocurre servir el vino bueno después del malo?
¡Que siga la fiesta!
Otra fiesta. Distinta. Muy distinta.
Yo no fui.
Fue Él.
Fue Ella.
Fueron Ellos.
Milagro.
Ahora voy a servir.
¡Ahora sí ponderen el vino!

Virgencita buena, te pido que me ayudes a mantenerme atento a las jarras de quienes me rodean; que me eduques en la constancia para pedir con valor e insistencia, y cuando llegue el momento en que indiques “hace lo que Él te diga”...yo vaya, y si no voy, me lleves.
Amén

diciembre 30, 2006

Culpables

Confieso que me asustó bastante.
2006 se despide con un ahorcado.
La palabra es "susto". Por todo.
¿ alguien apetece otro canibal...?
Dios nos ayude...por todo.
Dios nos perdone...por todo.
Amén

diciembre 28, 2006

Inocentes

Herodes decapitó inocentes por miedo a perder su poder.
¿Cuántas inocencias e inocentes habré decapitado yo para conservar el mío?
Ven Señor Jesús.
Amén

diciembre 27, 2006

Ya pasaron tres días

Frente al recién nacido hay dos momentos muy marcados:
La contemplación y la acción.
Los bebés son de una hermosura inusitada para los adultos.
Sus proporciones, su piel, su fragilidad contrastan la vida que les estalla dentro.
Contemplación.
Mirar el milagro.
Un lugar imperdible.
Pero todo esto no sucede mágicamente. El recién nacido requiere de un cuidado constante, esmerado, dedicado, casi excluyente. No es sencillo tener un recién nacido en casa. Las noches, por lo general (y con suerte), se duermen de a ratos; el llanto avisa de cualquier incomodidad y gatilla preocupaciones y dudas respecto de qué hacer; se cambian pañales, se limpia, lava e higieniza al niño... mucho trabajo, mucho.
Cuando llega la visita...impecable. Pero en los ratos de intimidad...¡cuánto para hacer!

Volviendo al trabajo después de un Adviento bien de Dios, de pronto siento que fuí visita. Algo así como si hubiera ido a ver a María y José al pesebre, me hubiera maravillado contemplando al Niño y después, de vuelta a “mi realidad”. Pero algo me falta: mi realidad es pobre sin Él...pero tengo tanto que hacer...¡traer un recién nacido es mucho trabajo!... mucha dedicación, mucho cuidado. Ya estoy grande para esto; ya criamos tres hijos en casa...¡otra vez los pañales, otra vez no dormir, otra vez...!
Pero me falta algo.
Quizás me falte el valor para comenzar de nuevo.
En una de esas, perdí la sensibilidad necesaria para ser parte del milagro.
Tal vez, me olvidé de la minúscula perfección de sus uñas, de la piel que huele a vida nueva, de los ojos que hablan, de los piecitos sin estrenar... tal vez me olvidé de la paz de verlos dormir... tal vez me olvidé de todo lo que cada mañana me hacía olvidar del cansancio.

Queridos María y José:
Disculpen por no haber estado atento en estos días.

Sepan que lo pensé bastante y, pese a que me cueste, estoy a su disposición para darles una mano.
Pidan nomás: arreglar un poco el pesebre, cocinar, lavar. También podría cambiar pañales y cuidar al Niño.
Incluso, José, si necesitás te atiendo por un tiempito el taller.
Y sí... me siento con un poco de culpa: logré ,pese a todo, hacerles lugar, y al rato fui vencido por la tentación y los dejé solos; pero fue hasta hoy nomás. He vuelto, para lo que gusten mandar. Después de todo ¡Jesús nació en mi pesebre!
¡Dios volvió a repetir el milagro!
¡Feliz Navidad!

Amén

diciembre 22, 2006

De puerta en puerta...y van...

Ya debe andar José golpeando puertas.
Golpeando, mientras trata de sobreponerse al dolor y la vergüenza de no tener nada más para ofrecerle a sus amores.
Las puertas que se golpean, en general están cerradas.
Hay un lapso de tiempo eterno entre el golpe y la respuesta.
Un momento de decisión.
Una pregunta.
Una respuesta.
Un diálogo mudo de tiempos divididos.
¿Encontraré lugar? Retumba en el corazón de José.
Pienso mucho en José en estos tiempos navideños.
Un hombre en el límite de su entrega, tocando fondo.
Lo sostiene la promesa, nada más. Nada menos. Sólo le resta conseguir un lugar para que se cumpla.
No sabe más por dónde buscar.
¡Cuánto comprendo a José!
¡Cuántas veces, como padre y esposo, siento que no tengo más nada que ofrecer!
¡Cuántas, como hijo, amigo, hombre!
Hay que apretar los dientes y seguir golpeando.
Nada puede opacar la alegría de la vida.
No hay mal lugar cuando se consigue el lugar. Es lo que hay, es el mejor.
Por lo menos hoy...
Fuerza, José, fuerza que el buen Dios ama los porcentajes de un modo misterioso.
100% de poco, es mucho más que 10% de mucho para Él.
Fuerza, José, dame fuerza también a mí también para poner todo; para arriesgarme al papelón de conseguir sólo un pesebre.
Es lo que hay, es el mejor.
Por lo menos hoy...
Muchas entregas juntas y al límite.
El Niño Dios hará el resto.
Gracias María, gracias José, gracias, Padre bueno por este regalo.
¡Acá sí hay lugar!
¡por fin!Amén

diciembre 12, 2006

Madre Teresa

Santa, sin duda santa.
¡Cuánta confianza tenía en nosotros!
"Dar hasta que duela", repetía.
¡Dar hasta que duela!...
No tenía ni idea de lo rápido que duele.
Querida madre, te pido que me ayudes a doblar la apuesta:
Dar hasta que duela y luego, hasta que sienta que se hace justicia.
Sólo así, traspasando los límites del primerizo dolor egoista, podré reparar el error.
¡Amén!

diciembre 07, 2006

Centuriones sueltos

Es complicado hacerle lugar a Jesús en Navidad.
El espacio del placard o de el desván que ocupa la caja con el arbolito y los adornos y las guirnaldas y todos los “y” no alcanza para una parturienta, y mucho menos, para alojar una familia.
En su peregrinar, María muy embarazada y José lleno de preocupación, tienen que ir sorteando Papás Noeles que, como centuriones romanos, custodian y recorren calles, centros comerciales, avisos publicitarios, diarios, revistas...vidas.
Centuriones que penden de vidrieras y también de puertas en las que ellos, María y José, debería golpear para ver si hay lugar.
Los centuriones siguen siendo presencia visible del poder. Siguen recordándonos quién manda hoy. Nosotros, seguimos obedeciendo.
¡Pobre San Nicolás! Y pobres de nosotros, los cristianos, que para minimizar las cosas tratamos de convertir a bonachón vestido de rojo en santo. Ni así alcanza para que la fiesta tenga el verdadero sentido.
Casi nadie queda fuera de este reconocimiento al César.
Los negocios se engalanan rindiendo tributo y en las casas, obviamente no podemos ser menos.
Los papás mantenemos la tradición del misterio y seguimos dándole vida al que hoy es el dueño de la Noche Buena. Una tradición que respetamos, cumplimos e inculcamos en nuestros hijos: Papá Noel existe. Sí. Mientras lo hagamos existir, existe. Y existe del modo en el que el César quiere que exista: como símbolo irrefutable del consumo, el festejo excedido y el frío ajeno.
Muchos me podrán decir... pero Pablo, mira que lo de San Nicolás es cierto...y el abeto tiene un significado equis...y las luces simbolizan tal o cual cosa..., sí, sí, todo comprendido, pero la Navidad es fiesta de Jesús naciente, de Virgen entregada y de José haciéndose cargo. Fiesta de Dios en medio de nosotros. Parto primerizo de vida nueva. ¡Vida Nueva!. Vida nueva que sigue, como hace dos mil y pico de años, necesitando un lugar dónde brindarse.
Es muy, pero muy difícil abstraerse de la “fiesta” para vivir la FIESTA. No soy ajeno a ello, pero por lo menos hoy, trato de guardarme la rebeldía y con ella, la sincera vocación de conversión.
Yo también fui y soy el “papá Noel” de mis hijos, mis sobrinos y los hijos de mis amigos. Algunas veces también, el papá Noel de chiquitos necesitados, de viejos abandonados y de “viudas y huérfanos”; pero esta Navidad quiero decir basta.
Me gustaría dejar de ser un papá pirotécnico para parecerme más a José.
Reconocer que estoy dando lo mejor que tengo aunque me avergüence por ello, y darlo todo.
Quiero, por lo menos hacer el intento, de liberar mi corazón para que en él nazca el Redentor y ser entonces, el Salvador de mis amores y de los desamparados.
Quiero disfrazarme de Cristo, no de bonachón colorado barbudo y rozagante.
Mejor dicho, quiero revestirme de Cristo.
Quiero dar amor y vida como da Jesús, no caramelos.
Quiero que mi mesa, nuestra mesa, sea mesa de pastores sorprendidos comentando el milagro.
Quiero que mi mesa, nuestra mesa, sea la mesa de la Esperanza y no la de los 12-deseos-tragados-con-pasas-de-uva a las 12.
También la de la misericordia.
Mucho mejor, la del perdón y la reconciliación.
Fundamentalmente, la del verdadero amor.
Quiero...¡quiero tantas cosas!, tantas que solo no puedo.
Tendré que nacer de nuevo en Navidad.
¿Podré?
¿Podremos?
¿Se animan?...faltan todavía unos días.
Pidan y se les dará, dijo Jesús.
Pidamos.
Recemos.
Amén.

diciembre 05, 2006

Para compartir en Adviento

Así son las cosas...escribí para Cáritas y Cáritas lo pasó. Así debe ser.
http://www.revistatigris.com.ar/diciembre06/tigris8.htm
http://www.revistatigris.com.ar/diciembre06/caritas.pdf
Es lindo ver que la Noticia también es nota.

noviembre 30, 2006

Jubileo en la Diócesis


De cosas chicas se nutre el corazón. Es complicado juzgar los propios trabajos, pero me alegra muchísimo haber podido ayudar a poner un rostro al Jubileo de nuestra Diócesis.
Era mucho lo que se quería expresar y Dios quiera, hayamos podido por lo menos, hacerlo en parte.
Opiniones, bienvenidas.
Me encantó rezar diseñando esta vez. Juntar todo, revolver y ver qué pasa. Sintetizar vida, trabajo y camino.
Linda experiencia.
Bien de Dios.

noviembre 22, 2006

¿Sos vos el Rey?

Rezando el Evangelio del próximo domingo*, no tengo más remedio que pararme delante de Jesús y hacerle la misma pregunta que le hizo Pilato.

-¿Decís esto por vos mismo, o te lo dijeron de mí?, escucho...
- parte y parte, le contesto.

Me lo dijeron; sí, desde chiquito me lo vienen diciendo. Diciendo. No te veo reinar, querido Jesús, demasiado en este mundo. Pero sí, me lo dijeron. Quizás los mismos que me lo dijeron son los que no te reconocen realmente como Rey; los que te anuncian y luego te callan. Los que se llenan la boca con tus palabras y después, frente al compromiso auténtico del testimonio, hacen silencio con sus vidas. Me lo dijeron...y es muy probable que yo también así lo esté diciendo.
Es muy probable que sea yo quien hoy cuento las historias de un Rey que no gobierna.

También lo digo por mi mismo, porque muchas tierras de mi vida no hay Rey, no hay ley, no hay paz. Mucho de mí necesita el Rey correcto. Mucho, debería destronar al rey equivocado. Lo digo por mi mismo.
Pido, querido Jesús, la humildad de dejarte reinar en mis comarcas; de abrirte las puertas de todas y cada una para que seas vos quién ponga orden allí, para que termines con las guerras y lleves la paz.

La tiránica anarquía de mil reyes, mata.

Pido, querido Jesús, el valor para servirte y batallar cuando lo ordenes, o arar la tierra, o apacentar ovejas, o cambiar el mundo. Valor. Pido valor para servirte.

El alarido de mil reyes, ensordece.

Pido, querido Jesús, contagiarme de Tu modo de ser y ser yo mismo, tal como Vos me imaginaste, y trabajar con Vos, y mirar como Vos, y amar como Vos, y gobernar como Vos.

La anarquía de mil tiranos, cauteriza.

Pido, querido Jesús, que aunque te cierre las puertas, las derribes; que aunque te diga que no, me insistas; que aunque arrase la tierra y deje escombros, siembres, porque no es que no quiero, es que no puedo.

La tiranía de mil reyes, agobia.

No es que no quiero, es que no puedo, por eso pido.
¿Qué si lo digo por mí o me lo dijeron?...parte y parte, querido Jesús, parte y parte.

Y te seré sincero, también me dijeron cosas lindas. También te vi reinar en muchas vidas; por eso pude reconocerte recién cuando me pare aquí delante...pero sabrás perdonar, me quedaba la duda.
Ahora ya no.

Pido, querido Jesús, pido.

Pese a mí, reina en mí.

Amén

(*Jn 18, 33b-37)

noviembre 10, 2006

Las figuritas

La vizcacha se había mudado hace poco al vecindario y, sociable como es, no tardó en hacerse amigos. Mientras cavaba su casa, los chicos se paseaban entre los matorrales y también, iban coleccionando nuevas relaciones; solamente uno, merodeaba perdido entre las risas de sus hermanos y las historias inverosímiles de los flamantes compinches destinadas a impresionar a los recién llegados.
Tito vizcacha, se alejó un poco del grupo y entre las cañas vio al carpinchito también solitario. Soledad con soledad es buena combinación, pensó, y sin demorarse, se acercó al carpincho que parecía muy ensimismado en sus cosas.
Ni levantó la vista el carpincho y lo recibió con un
- ¿tenés figuritas?
Tito no solo no tenía figuritas, tampoco tenía bolsillos dónde buscarlas, así que también instantáneamente le respondió que no.
- bueno, entonces si no tenés figuritas no podemos jugar. No puedo ser tu amigo.
- ...pero charlar tampoco.
- No. Yo solamente juego a las figuritas.
Mientras le hablaba, seguía sin dirigirle la mirada y al mismo tiempo, como crupier experto, barajaba una pila enorme de figuritas semi nuevas.
Tito lo dejó y el carpincho allí quedó.
Con el paso de los días, Tito siguió acercándose al carpincho y la respuesta, palabra más palabra menos, seguía siendo la misma.
Finalmente, una tarde de lluvia en la que el más divertido sufría los embates del aburrimiento, la rana, que paseaba fuera de zona aprovechando el agua, lo vio al carpincho solo y aburrido y le preguntó por qué no jugaba con los demás. Bueno, el carpincho, nuevamente expresó su único y excluyente interés por jugar a las figuritas. La rana pensó un poco y le dijo:
- Es lindo jugar, pero sucede que sos el único que tiene figuritas por el barrio; así no vas a poder nunca encontrar compañía. Por qué no haces una cosa: buscate un amigo, prestale unas figuritas y así podrán jugar juntos.
El carpincho era más dormido que amarrete, así que ni bien le propuso esto la rana, se dispuso a esperar la visita de Tito que, con precisión suiza, pasaba todas las tardes a la misma hora por allí. Y así fue. Cinco de la tarde, Tito se acercó y el carpincho lo estaba esperando con la mitad de su mazo en la mano. Sorprendido, Tito tomó las figuritas, y en minutos estaban jugando.
No más soledad.
Una linda amistad.
La familia vizcacha fue muy feliz en el barrio.


Moraleja:
Los cristianos deberíamos compartir hasta el punto en el que todos puedan participar del juego. Hasta el punto, en el que todos puedan disfrutar.
¿Utopía o mandato?

noviembre 09, 2006

Dar y compartir

Suena parecido pero no es lo mismo.
¿A qué estamos llamados los cristianos, a dar o a compartir?.
Según la Real Academia Española, “limosna” significa, entre otras acepciones: “Cosa que se da por amor de Dios para socorrer una necesidad.”
Tanto el móvil como el fin deberían hacernos pensar.
Amor a Dios.
Necesidades insatisfechas.
Dar o compartir.
Cuando doy, doy lo que puedo o quiero.
Cuando comparto, entrego lo que tengo.
Quizás, doy más al dar.
Seguro, doy mejor al compartir.
Al dar, me desprendo de lo dado.
Al compartir, parte de mí se entrega.

Voy rezando estos días el Evangelio del domingo (Mc 12,38-44) y no puedo dejar de pensar en los primeros cristianos; en esas celebraciones que hacían en las casas y que terminaban partiendo el pan...que terminaban en Eucaristía.
Me los imagino llegando cada uno con su canasta con comida para poner en la mesa común. Llevando lo que tenían previsto comer y como es lógico, un poco más, aunque sea para no quedar mal.
También me parece ver llegar a la viejita de las dos monedas, ahora, con sus dos empanadas. Otra vez únicas dos empanadas.
Arriesgar sus dos empanadas en el plato compartido, en la mesa común.
Arriesgarlas a que sacien otras necesidades.
Jugarse a pasar hambre, en la certeza de que siempre el hambre será saciado; no necesariamente el propio, pero siempre el hambre.
Pocos cálculos hace la viuda.
Siempre sobraba comida en esas mesas.
Siempre se repetía el milagro de los cinco panes y dos pescados.
Utopía para el mundo.
Milagro para el hambriento.
Marcos no habla de cantidad; habla de calidad.
En el “cómo” se juega el ser cristiano.
El milagro del “cuánto” corre por cuenta de Dios.
Siempre que nos arriesgamos a revisar el “cómo”, abrimos la puerta al milagro.
A la hora del dar, este domingo, voy a tratar de pensar en compartir.
Dar o compartir.
Cuando doy, doy lo que puedo o quiero.
Cuando comparto, entrego lo que tengo.
Quizás, doy más al dar.
Seguro, doy mejor al compartir.
Al dar, me desprendo de lo dado.
Al compartir, parte de mí se entrega.


Me gustaría que el buen Jesús me regalara la inocencia de niño, esa que me daba la libertad de sacarme el chicle de la boca para darte la mitad.
¿qué asco?...no, hoy de grande, asco deberían darme otras cosas.
Dar o compartir.
Dios me ayude a aprender de la viuda.
Dios me ayude a compartir.
Amén

noviembre 01, 2006

Amores Pascuales

No me gusta hablar de la muerte. Prefiero hablar de la Pascua. No es que le tenga miedo, sino que intento tener verdadera fe.
Muerte veo en vida y, paradógicamente, sigo viviendo la vida de mis muertos y ellos, siguen viviendo en mí.
Es una obviedad decir que estamos de paso, pero me gusta la imagen por esto del dejar huellas. ¡Tengo tantas huellas en mi corazón!. Tantas personas han pasado pisando a su modo pero siempre, dejando sus huellas. Tantas y tan queridas. Queridas y de las otras también, pero siempre pisando y marcando.
Me gustaría que Dios me regale la gracia de poder recorrer mi arena húmeda y reconocer en ella a todos y cada uno de los que por allí pasaron. Pedirle que las olas de la vida no borren huellas y apostar a más, a que baje el agua así más y más gente deja sus señales en mi corazón para que pueda crecer.
A modo de síntesis agradecida, nombro a dos amores pascualizados: mamá y papá. Ellos se encagarán de tender la mesa, mañana, e invitar a los demás a compartir el banquete de la vida que me regalaron y todavía disfrutan allí.
A todos mis amores, queridos y respetados, vaya esta oración.
Gracias por lo que me enseñaron.
Gracias por haber estado allí.
Gracias por hoy, interceder por nosotros.
Gracias, Dios bueno, por haberme hecho crecer en y con ellos.
Los sigo queriendo a todos.
Los sigo extrañando a todos.
Que Dios los tenga en la palma de su mano.
Recen por nosotros.
Amén

Pd: por si duele mucho todavía... ofrezco de nuevo la fabulita de la paloma

octubre 27, 2006

Aprendiendo a ver


Hasta hace un tiempo, pensaba que tenía la capacidad de ver correctamente todo cuanto me rodeaba. Ver correctamente implica incluso comprender y apreciar lo visto. Un día mis sobrinos trajeron un libro de estereogramas y me desafiaron a ver lo invisible. Naturalmente que al primer intento fallido decidí que eso no era para mi.
Sin embargo me quedó la duda: se verá realmente algo allí.
Probe un par de veces y sí, efectivamente allí había algo. Casi mágico podría decir.
Bien, esto es lo que le voy a pedir a Jesús, cuando este domingo (Mc 10,46-52) pregunte "¿Qué quieres que haga por tí?", que pueda contestarle con fe: "¡Maestro, que yo pueda ver!".
Hasta el estereograma, nunca me había cuestinado cómo miraba. Ahora me inquieta pensar que Jesús puede regalareme otra forma de ver.
Mañana, probablemente me inquiete y comprometa mucho más, aquello nuevo que haya visto.
Dios quiera.
Amén.

ver otros estereogramas

octubre 26, 2006

...de vez en cuando una fábula viene bien

La mesa del bar

Siempre me resultó muy complicado entender por qué las mesas en los bares son tan chicas.
Quizás sea para ahorrar espacio, o tal vez para lograr que la gente se quede poco tiempo. Sería bastante lógico: no es lo mismo quedarse una hora almorzando que una hora tomando un café.
En una mesa bien chica se pueden hacer muchas cosas pero también, queda poco lugar para otras.
Cuando te traen el café, más el minúsculo plato con los cuatro minúsculos bizcochos y el minúsculo vaso de agua y el pinche de la cuenta y el prolijo servilletero de también minúsculas servilletas, prácticamente no queda lugar para nada. Mucho menos si son dos los que hicieron el encargue.
Sin embargo, por estas extrañas cuestiones de la vida, cuando te atrapa un bar, es cómo si encontraras un refugio. Es más, en muchas circunstancias es un refugio y también un sitio de pertenencia; y eso, es lo que le estaba pasando al gallo.
Todas las mañanas, el gallo salía de su casa y recorría las 5 cuadras obligatorias para llegar al bar; saludaba al chivo de la barra, hojeaba mecánicamente el diario hasta llegar a los deportes, leía una noticia –de preferencia corta- y rápidamente se disponía a sentarse en su mesa, siempre una y siempre esa; luego llegaba el café con su séquito y mientras mantenía la taza en alto y la picoteaba suavemente, perdía por un buen rato su mirada en la vidriera. Al cabo de unos veinte minutos y cuando ya no quedaba más que aroma a café fuerte y frío en la taza, sacaba el ticket de su doméstica tortura y dejaba junto a la caja, ticket y dinero también siempre justo. Saludaba al chivo y comenzaba el día. Todos los días. Todos.

El ganso, que por un tema de roles en general no estaba obligado a levantarse tan temprano, lo escuchaba salir y también todas las mañanas se preguntaba si verdaderamente era tan bueno comenzar el día con un paso por el bar.

Finalmente la duda lo carcomió y al notar que el gallo estaba por partir, le dijo que, si no tenía inconvenientes, a él le gustaría acompañarlo, cosa a la que el gallo respondió afirmativamente y ambos salieron desde ese día y por muchos días más, juntos hacia el café de la quinta esquina.

Al principio fue todo novedad para el ganso. Trató de imitar el rito, de hacer exactamente lo mismo que hacía el gallo y sin darse cuenta, también él fue permitiéndose crear su propio modo de vivir el bar.

Pasada la euforia de las primeras mañanas en las que el gallo se ufanaba mostrándole todos sus trucos secretos, la ceremonia del bar, para el ganso fue palideciendo hasta convertirse en una rutina absolutamente aburrida, al punto, que, aquello que durante unas semanas los unió en una nueva forma de relacionarse, ahora comenzaba a ser tema de discusión. La cuestión: ¿Qué le encuentra el gallo a ese bar?

Así, primero como pregunta simple, luego como discusión leve y al poco tiempo como debate obligatorio, el ganso y el gallo se trenzaban en interminables disquisiciones respecto de las bondades del lugar y del hábito.

Al cerdo le resultaba sencillo no intervenir, pero imposible no participar: gritos de gallo y ganso se escuchaban seguido por toda la casa, así que un día, cansado de escuchar siempre lo mismo, se acercó a los aprendices de necios y les preguntó que era lo que concretamente trataban de resolver con la discusión. Finalmente, se trataba sólo de sostener posiciones: para el gallo, ese rato en el bar era insustituible; para el ganso, absolutamente aburrido, monótono y deprimente. El cerdo los escuchó prudentemente exponer sus razones y ofreció intentar mediar en el asunto, cosa que ambos aceptaron quedando a la espera del veredicto.

A tranco lento, el cerdo fue una y otra vez al bar. Tomó el mismo café, se sentó en la misma mesa y tardó el mismo tiempo. Una y otra vez.

Al cabo de una semana llamó al gallo y al ganso a su corral y les preguntó:
- ¿siempre van a la misma mesa?...
- ¡Sí!
- mmmm... y ¿siempre se sientan cada uno en la misma silla?...
- ¡Sí! – respondieron al unísono.
- ¿Siempre en la misma? – reiteró.
- ¡Sí! – casi gritaron.
- Me lo imaginé. – replicó el cerdo.

Al día siguiente y aceptando el consejo del cerdo, gallo y ganso volvieron al bar, hicieron las mismas cosas pero esta vez, al momento de sentarse, intercambiaron sillas. El gallo quedó mirando a la pared y el ganso, de frente a la vidriera.
Nunca más volvieron a discutir.
Nunca más dejaron de ir.

Moraleja:
Para comprender, debo ponerme en el lugar del otro.
En su lugar.
Realmente en su lugar.
Siempre.

Gracias, Josefina, por estar tan atenta...

octubre 02, 2006

Medidas drásticas

Breve comentario del Evangelio de ayer: Mc 9, 38-43. 45. 47-48

Cortar.
Arrancar.
Cortar.
Palabras duras de boca de Jesús.
El sábado, predicando este evangelio a un grupo de bienaventurados pregunté: “si tuvieran la certeza de que cortándose una mano podrían volver a la vida (léase, dejar la droga, el alcohol, perdonar, y demás muertes), ¿lo harían?”. La respuesta fue unánime: SI.
Parece que es más dura la realidad que la propuesta quirúrgica de Cristo.
Duele mucho más el mordisqueo de la muerte que el filo o el tirón seco.
Yo también tengo cosas para que Él corte. Cosas que no me animo ni siquiera a tocar. Muertes de las que no puedo resucitar.
Necesito un cirujano experto.
Necesito conversión, corte. Microcirugía y cirugía mayor. Muchas de las unas y muchas de las otras.
Necesito la fe para entregarme al cirujano y desprenderme de lo que me mata.
Amén.

septiembre 05, 2006

Bocas sordas

Veo bocas que se mueven y ahogan lo que no pueden callar. Lo que no pueden decir. Lo que nadie siquiera intenta escuchar.
Veo bocas por todos lados y en todos los lugares por dónde voy.
En mi casa, las de mis hijos que intentan expresarse y muchas veces no saben a quién dirigirse; la de mi esposa que revolotea mientras pienso cosas “importantes”.
Las de los viejitos en el geriátrico y las de muchos jóvenes los sábados por la noche gritando desde botellas y aturdimiento.
Las veo también en el tren y en el subte dibujadas tras una bolsita con pegamento.
En las mañanas de Santa Rafaela con los muchachos de duchas.
En el trabajo cuando la plata no alcanza y se pierde el ánimo de hablar hablando.
En el reflejo de la pantalla de una computadora.
En la soledad de un banco o un asiento del colectivo.
Detrás de la ventanilla del auto.
En el viejo que parece no tener ya nada importante para decir.
En el padre que balbucea principios y consejos.
Veo bocas por todos lados.
Bocas que se mueven como si estuvieran hablando.
Cuellos que se ensanchan en venas tensas como si estuvieran gritando.
Labios entreabiertos que preanuncian gemidos.
Puños apretados que retienen gritos.
Labios apretados que sujetan corazones.
Antes también era ciego; ahora veo bocas...pero estoy sordo.
Este domingo decime “Efatá”, Señor, que me estoy perdiendo mucha música.
El silencio de mi ruido hace que me pierda la Vida.
Efatá.
Seguramente después podré comenzar a hablar con Tus Palabras.
Amén

Pablo, preparando el corazón para el domingo (Mc 7, 31-37)