julio 06, 2007

Servir

Servir es poner en juego la vida.
Quien sirve no se arriesga a vivir; utiliza la plenitud de la vida para que ésta se multiplique y transmita.
Servir es entender esa plenitud, darle un sentido y consumirse para ser luz.
Vivir en plenitud es un camino de servicio.
Jesús nos enseña ese camino; lo hace sirviendo e invitando al servicio constantemente.
Jesús acompaña, escucha, cura, alimenta, corrige, reza, comparte; hace e invita a hacer.
Servir es amar con las manos.
Amar con gestos concretos.
Es la dulce excusa para ser comunidad, mínimo de dos. Servidor y servido se fusionan y abren la puerta para esa sea comunidad de tres. Jesús se hace presente, es su promesa: sólo necesita dos o más reunidos en su nombre.
Servir no es dar cosas; es darse.
No es repartir, es repartirse.
Al modelo de Jesús, hacerse pan para el otro, alimento y vida para el hambriento que pierde la esperanza.
El necesitado me come y yo crezco en él.
El necesitado se pone en marcha y yo comienzo a recorrer un nuevo camino con él. Juntos descubrimos la vida nueva. Juntos, a la par, hombro a hombro. Respetando el paso. Ni adelante ni atrás.
Servir no es un acto de generosidad sino de justicia: distribuyo lo que recibo de Dios para ser distribuido, y lo hago según sus instrucciones. Los dones que pongo al servicio no me pertenecen. Soy administrador del tesoro que Dios distribuyó por el mundo para que haya vida... y vida en abundancia.
Servir es un camino excelso para llegar a la Comunión.
Si vivo sirviendo, vivo ya la promesa y el Padrenuestro se cumple hoy.
Sirviendo se reconoce padre al Padre; hermano al hermano.
Sirviendo se santifica el nombre de Dios.
Sirviendo viene a nosotros su Reino.
Se hace su voluntad.
Se recibe y comparte el pan de cada día.
Se perdonan las ofensas.
Se deja de juzgar.
Se cierran las puertas a las tentaciones....
Y el mal, ya no puede alcanzarnos, porque sirviendo somos uno con Jesús y Jesús es el vencedor.

¿Que no soy perfecto?
¡Claro! De ser así no podría haber fuego.
Mi leña, y mis espinas son las que llevo para arder.
Madera seca y madera verde.
Muerta y viva.
Trigo y cizaña.
Voy entero. Quiero ser pan.

Sirviendo pierdo el orgullo y me hago humilde.
No escondo avergonzado mis dones por más pobres y sencillos que los considere. Los exhibo y entrego en la certeza de que es Jesús quién hace el milagro.

Hay hambre, pongo mi pan. Un mendrugo. No importa. Jesús lo pide. “que se sienten en el pasto” -debe haber gritado-. Un mendrugo y un pescado. Vergonzoso para ofrecer. Comida de miles. Si me guardo los dones no hay milagro. Un chico los entregó. Los grandes querían buscar soluciones grandes; el chico hurgó en su bolsita y reconoció el pan. Ridículo a los ojos de hoy. Eso es ser humilde. Eso es servir.

Tengo esto.

Creo que es poco.

Lo entrego.

Amén.

6 comentarios:

Cristian dijo...

Sencillamente amén, nada más que agregar. Bendiciones.

Semilla dijo...

Hola amigo! Hace tiempo que no pasaba por aquí, te encuentro orando... Gracias y
Amén
Cariños miles

Anónimo dijo...

Y cómo me doy cuenta que yo tambièn soy "necesitado"...

Gracias!

Ximena

lojeda dijo...

¡Que bonita palabra! SERVIR, DAR, a cambio de nada.
Saludos.

hna josefina dijo...

¡Toc... toc!
¿Hay alguien en este blog?
¿O se fueron todos de vacaciones?
¿Cuándo vuelven?

Pablo Muttini dijo...

Gracias a todos por sus comentarios !
José, estoy; ocupadísimo pero estoy. Ya volveré a publicar alguito.
Abrazo y gracias por preocuparte siempre.
Saludos
Pablo