noviembre 09, 2006

Dar y compartir

Suena parecido pero no es lo mismo.
¿A qué estamos llamados los cristianos, a dar o a compartir?.
Según la Real Academia Española, “limosna” significa, entre otras acepciones: “Cosa que se da por amor de Dios para socorrer una necesidad.”
Tanto el móvil como el fin deberían hacernos pensar.
Amor a Dios.
Necesidades insatisfechas.
Dar o compartir.
Cuando doy, doy lo que puedo o quiero.
Cuando comparto, entrego lo que tengo.
Quizás, doy más al dar.
Seguro, doy mejor al compartir.
Al dar, me desprendo de lo dado.
Al compartir, parte de mí se entrega.

Voy rezando estos días el Evangelio del domingo (Mc 12,38-44) y no puedo dejar de pensar en los primeros cristianos; en esas celebraciones que hacían en las casas y que terminaban partiendo el pan...que terminaban en Eucaristía.
Me los imagino llegando cada uno con su canasta con comida para poner en la mesa común. Llevando lo que tenían previsto comer y como es lógico, un poco más, aunque sea para no quedar mal.
También me parece ver llegar a la viejita de las dos monedas, ahora, con sus dos empanadas. Otra vez únicas dos empanadas.
Arriesgar sus dos empanadas en el plato compartido, en la mesa común.
Arriesgarlas a que sacien otras necesidades.
Jugarse a pasar hambre, en la certeza de que siempre el hambre será saciado; no necesariamente el propio, pero siempre el hambre.
Pocos cálculos hace la viuda.
Siempre sobraba comida en esas mesas.
Siempre se repetía el milagro de los cinco panes y dos pescados.
Utopía para el mundo.
Milagro para el hambriento.
Marcos no habla de cantidad; habla de calidad.
En el “cómo” se juega el ser cristiano.
El milagro del “cuánto” corre por cuenta de Dios.
Siempre que nos arriesgamos a revisar el “cómo”, abrimos la puerta al milagro.
A la hora del dar, este domingo, voy a tratar de pensar en compartir.
Dar o compartir.
Cuando doy, doy lo que puedo o quiero.
Cuando comparto, entrego lo que tengo.
Quizás, doy más al dar.
Seguro, doy mejor al compartir.
Al dar, me desprendo de lo dado.
Al compartir, parte de mí se entrega.


Me gustaría que el buen Jesús me regalara la inocencia de niño, esa que me daba la libertad de sacarme el chicle de la boca para darte la mitad.
¿qué asco?...no, hoy de grande, asco deberían darme otras cosas.
Dar o compartir.
Dios me ayude a aprender de la viuda.
Dios me ayude a compartir.
Amén

3 comentarios:

Cristian dijo...

Hola Pablo:
Soy un sacerdote chileno, y entré acá desde el blog de la hna. Josefina. Me sorprendiste... buen blog. Veo que eres diácono hace poco, y tu testimonio, muy claro y profundo. Volveré seguramente...
oye... ¿te parece si intercambiamos links? Espero tu respuesta en mi blog. Bendiciones.

Pablo Muttini dijo...

Cristian, es un gusto recibirte de visita. Dios quiera que esta puerta abierta nos ayude a encontrarnos con Él.
Con todo gusto te visitaré.
Un abrazo,
Pablo

hna josefina dijo...

Amén, Pablo. ¡Gracias!