junio 30, 2011

Cuidar la vida

Estamos llamados a cuidar la vida.

Amor, servicio y vida. Así podría haber sido el orden.
Dios dispuso primero las condiciones propicias para que la vida sea viable; entonces fue servidor. Eso es también amar, amar fundamentalmente. Un amor que se anticipa a todas las necesidades del amado; amor que se hace servicio para que esa vida por venir pueda encontrar las condiciones para cuajar, desarrollarse y luego también, entregarse y así seguir el ciclo que siempre es amor, servicio, vida.

El servicio visto de este modo, es una asistencia constante a la vida.
La vida es inviable en el aislamiento y la soledad total.
Necesitamos de los demás y somos para los demás también los que disponemos los medios para que sus vidas sean viables.

La vida requiere desde su inicio constantes cuidados especialísimos que nosotros, individualmente, no nos podemos procurar.

Desde un vientre, sangre, oxígeno y alimento, hasta el último día, la contención de un abrazo que nos ayude a dar el paso de la Pascua.

En todas las etapas, la vida requiere asistencia. En algunas, de un modo más visible y obvio, en otras no, pero siempre requiere asistencia.

Aún cuando pienso que sólo me basto, también allí, y especialmente allí, la vida requiere asistencia.

La vida es enorme, inasible, al punto de que miles de personas necesitaré para poder vivir y enésimas más para vivir en plenitud.

La comunidad es el modelo más obvio de asistencia a la vida.
La comunidad constituye el ámbito en el cual estoy protegido, unido a mis hermanos ya no soy “ese” solo, ese aislado. Si me quedo la construyo y mi vida está salvaguardada; si me voy, me alejo y entonces los peligros se agigantan.

La soledad vista así no es parte del plan de Dios.
Jesús la asocia más al extravío que a la opción, y frente al extraviado, al perdido, su respuesta es siempre la misma: ir a su encuentro.

La vida requiere un tratamiento especial, delicado, dedicado, constante, atento, preciso, sostenido. Tratamiento responsable, firme, sobrio, exacto.

Y el servicio llama.
El amor es el aroma que desde la vida nos llama al servicio.
El amor va llevándonos justo dónde la vida está en riesgo por mínimo que parezca.
El amor nos guía.
El amor nos orienta.
El amor nos mueve.
Amor que inmediatamente nos pone en el camino del servicio.

Dios es Dios de Vida.
La vida es frágil y la consecuencia de una herida en la vida es el sufrimiento.
Quien sufre no puede vivir la vida con plenitud.
Plenitud y felicidad así son sinónimos.
Dios quiere que tengamos vida y la tengamos en abundancia.
Dios, nos confirma Jesús, siente en las entrañas el dolor.
Jesús no teoriza.
Viene a reparar el error y por eso primero, busca a los que sufren, sencillamente porque sufren.
Sufren todos aquellos que encuentran amenazada su vida.
Los que tienen la vida amenazada, entonces, para Jesús son prioridad: son los bienaventurados.
Toda la vida de Jesús fue un confirmar esa opción.
Quien sufre, siente que su vida se va perdiendo a manos de una muerte que se anticipa en sufrimiento. Siente que esa herida es palabra definitiva y que ya de allí no podrá salir.
Jesús, primero con pequeños signos y luego, con el máximo sacrificio de la cruz y la muerte, se entrega para confirmar que la muerte no vence; que no está dicha la última palabra, y que, si alguien puede decirla es Dios, y la palabra entonces es SI.

La dimensión diaconal de la Iglesia nos hace imperativo estar junto a los que sufren.

El sufrimiento sólo terminará el último día. Mientras exista sufrimiento será necesaria la presencia de Jesús en el mundo. Mientras esperamos la próxima venida, somos nosotros, por decisión de Él, quienes tenemos que hacerlo presente. Así se entiende el amor intencional que nos manda Jesús: ¡Amarás!

De los sufrientes que más sufren, los primeros son los pobres.
Son los primeros porque sufren. Punto.
Aquí, para Jesús no hay lugar a discusiones.
Y si diera lugar porque nos aturden nuestros juicios (cosa frecuente), no importa cuán equivocado, responsable o confundido: Sufre y eso es suficiente para encender el sentimiento más incomprensible desde la razón y más reconfortante desde el sentir: la misericordia.

Todos los que sufren son la prioridad de Jesús.
Todos los que sufren son la prioridad de Su Iglesia.
Todos los que sufren son nuestra prioridad…
(Tienen que serlo)

Nosotros, Iglesia, debemos estar en todas las situaciones humanas en que la vida esté amenazada. Salir a buscar lo perdido, porque está perdido y debe ser encontrado. Esta es la dimensión diaconal de la Iglesia. Inseparable del anuncio porque el anuncio sin gestos es declamación no Buena Noticia.

Misionar es llevar a Dios al mundo; un Dios que quiso hacerse presente precisamente poniendo en primer lugar a los últimos y confirmando que servir, es el único modo de volver a poner orden.
Sirviendo se construye puentes para que el Amor llegue al amado.

Jesús está en el que sufre sacramentalmente.
Jesús sacramentado en el dolor es luz en las sombras de la no-vida. La negrura del sufrimiento no puede contra un hálito de amor.
Tuve hambre, estaba desnudo, solo, preso…siempre lo hiciste conmigo. Siempre lo hiciste con él. Siempre lo hiciste.

La divinidad de cada hermano grita desde el dolor, el dolor de Dios frente al sufrimiento humano. Jesús gime con nuestro sufrimiento.
Cuando lo hiciste con el más pequeño…
Jesús entonces está en el que sirve, porque sus manos no pueden quedarse quietas frente al que está al costado del camino.

El mismo Jesús que entrega su vida en la batalla definitiva para vencer a la muerte, nos interpela para que entreguemos la nuestra en el servicio, anticipo de la entrega definitiva. Escaramuzas en la batalla. Pequeños triunfos frente a la no-vida. Servicio.

Y él está allí.
Jesús está en el misterio del encuentro porque el encuentro es anticipo del Reino.

La diakonía de la Iglesia expresa el compromiso de Dios con el presente.
Desde el encuentro sanador, la buena noticia se hace testimonio porque el amor prometido se hizo gesto.

Separar la Iglesia de su diakonía es negar la encarnación.

La diakonía impone movimiento.
Implica una dinámica por la cual salgamos de nosotros y vayamos hacia todo aquel que sufre. Prójimo es el caído sí y solo sí, nosotros nos aproximamos a él. Mientras tanto sigue siendo simplemente otro.
Projimidad es acción no circunstancia.
Projimidad es búsqueda y atención, no encuentro casual.
Projimidad es opción.

El único modo que se me ocurre hoy para cuidar la vida es servir.
Amén.

junio 14, 2011

...y ¡mueven las montañas nomás!

Este fin de semana, en Argentina, tuvimos la oportunidad de participar en la colecta anual de Cáritas...Los invito especialmente a ingresar a Facebook, buscar "Cáritas Joven" y comprobar de lo que son capaces nuestros chicos cuándo se lo proponen. Obviamente que también participamos adultos, familias, y todos los "de siempre" pero sin duda, lo que movilizan los jóvenes es un ventarrón de aire fresco...Parece que el Espíritu sopla fuerte...
Es notable ver cuánta generosidad hay contenida en la gente y también, lo necesario que es decir que SI y poner las manos al servicio para que ese gesto cuaje en expresión de amor.
Salir a la calle con la colecta es llevar a la calle la fiesta del compartir. Una experiencia única.
Pasen por Facebook y espíen; ¡vale la pena!

pd: si tienen experiencias de sus parroquias, por favor manden el link o los testimonios!

junio 08, 2011

Esperando al Espíritu Santo

Rezando con Mt 28, 16-20

Siempre tiene la iniciativa. La tiene y por si fuera poco, además la toma.
Jesús se anticipa y jamás nos propone algo que no haya probado y no tenga la certeza de que podemos cumplir.
Desde resistir al pecado hasta soportar lo insoportable, pasando por el amor, la misericordia, el perdón, la amistad, la paciencia, la inclusión. Todas las propuestas de Jesús, si bien parecen inalcanzables están diseñadas para la medida del hombre común.
La fe hace la diferencia.
Creer.
Creer en nosotros con la misma certeza con la que cree Él.
Creer en Él, con la misma intensidad con que deseamos lograr lo inalcanzable. Confianza.
El domingo pasado, estando resucitado y reunido con sus amigos -crédulos e incrédulos- les hizo una última afirmación que sería el principio de una nueva relación: “y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Increíble viniendo de quién venía. Los que estaban allí con él, todavía no habían logrado entender esto de la muerte y la resurrección. Jesús anuncia que parte pero que no parte; que se va, pero que se queda. También les dijo “vayan” a terminar lo que el comenzó. Una propuesta que exige una fe muy profunda. Exige creer y creer en serio.
Jesús también nos enseña a creer con su testimonio.

Pensaba en un artista, un escultor, que a pocos golpes de terminar su obra, cuándo ya prácticamente pudo decir todo, expresar todo, mostrar todo, decide irse y encomendar la tarea final a sus discípulos, que entre sorprendidos y asombrados, lo ven repartir todas las herramientas que él uso, para que sean precisamente ellos los que puedan terminarla. Un artista que comparte el momento culminante de su creación con sus amores, para que sean ellos los que también puedan ser protagonistas.
Herramienta por herramienta, una por una, va depositándolas en manos temblorosas.
Una para cada uno, de modo tal que ninguno pueda sentirse ahora el dueño y sí, todos parte.
Así, todos a partir de ese momento serán imprescindibles.
Así, todos serán necesarios, útiles, inevitables. Así todos podrán también reconocerse dependientes y constitutivos de una comunidad que ya no puede aceptar excluidos.
¡Cuánta confianza!¡Cuánta fe!
Jesús primero cree en nosotros.
Antes de pedirnos que creamos en Él, cree en nosotros.
Nada deja librado al azar.
Pronto vendrá la inspiración.
Pronto, en Pentecostés, se disiparán nuestras dudas y sabremos cómo usar las herramientas que nos dejó.
Cree en nosotros. Cree en mí.
Ahora me toca el turno de creer realmente en él.
Siempre tiene la iniciativa.
Siempre me permite decir que SÍ.
Amén

diciembre 04, 2010

¡Vas a ver cuando venga papá!

Rezando con Mt 3, 1-12

Cuántas veces escuchamos esto en casa, o de chicos o de grandes.
Alguien tiene que poner orden y ya para quién está en el día a día, eso se convierte en una tarea ímproba.
Poner orden.
Poner orden, también puede estar expresando nuestra propia necesidad de que el otro se haga cargo del modo en el que nosotros no podemos hacernos cargo.

Juan venía siendo fiel a aquello que Dios le revelaba en su corazón pero que él, no lograba del todo descifrar. Sí tenía claro algo…era tiempo de poner orden y en su fidelidad, miraba hacia atrás y reconocía el modo en el que Dios había estado poniendo orden hasta el momento. Lo del hacha es muy duro pero eso esperaba Juan: que Papá viniera a poner orden.

Jesús le cambia el paso.
Dios cambia el paso en Jesús y Jesús, muestra su nueva estrategia.
No más castigo a los poderosos. Desde el primer día, los poderosos pese a los castigos, seguían haciendo opciones equivocadas, y en cada opción equivocada, dejando como se dice hoy, “daños colaterales”, vidas, miles de vidas sometidas a la oscuridad.
Lo transformador de Jesús, es precisamente en quiénes hace foco. Ya no más tratar de torcer el brazo de los poderosos (vencerlos, en definitiva, sería cercenarles la libertad). Para ellos habrá otra instancia.
No más. No por ahora.
Algo es más urgente.
Hay muchísimo trabajo por hacer y es a eso justamente a lo que viene a dedicarse.
Jesús viene a rescatar a los que ya no pueden hacer más opciones.

Con Juan se cierra todo un tiempo de relación de Dios con el hombre. Último profeta, es el último que va a tientas tras la intuición de Dios.
La venida de Jesús marca una nueva relación. Nueva Alianza.
Jesús se hace presente de un modo preferencial a los que sufren, porque los que sufren no pueden optar. A fuerza de haber sido machacados en el sufrimiento, quedan imposibilitados de vivir la plenitud de la libertad.

Libera del sufrimiento a aquellos que al reconocerlo, toman la primera decisión acertada de sus nuevas vidas que consiste, ni más ni menos que en decirle SÍ.

Antes y después de Cristo.

Jesús viene a rescatar a quienes creen que ya no pueden.
A quienes sienten que está dicha la última palabra.
A quienes todos les dicen que está dicha la última palabra.
A quienes todos les dicen que muy pronto, en su vida, estará dicha la última palabra.

¡Vas a ver cuando venga papá!
…y Papá vino, pero no a castigar, no a retar, no a poner en penitencia.

Papá vino a abrazar, a contener, a sanar. A recibir al equivocado, a buscar al perdido, a devolver la salud, la paz.

¡Vas a ver cuando venga papá!
Y Papá vino. Pero de un modo diferente.

En vez de poner las cosas en orden, devuelve la vida, que es muy superador a poner orden. Orden está subsumido en vida. Vivir la plenitud de la Vida, es mucho más que vivir ordenadamente. Jesús trae la plenitud y el orden viene en las alforjas de la plenitud; como la justicia, como la paz, como el amor.

De entre todos los “sin opción”, sin duda un grupo muy importante de ellos despertó en Jesús una predilección particular: los enfermos.

Aquellos a quienes se les presenta el futuro como muy incierto o bien, con un grado de “certidumbre” casi irresponsable, sentenciando y simplificando el tiempo por vivir a días, diagnósticos o estigmas.
Salud, para Jesús es otra cosa.

¿De qué querés ser curado? ¿Qué querés que haga por vos? Cosas así se le escuchan decir a Jesús frente a ciegos, paralíticos, leprosos.
Tus pecados te son perdonados…También frases como ésta, desconcertantes por lo acertadas.

Jesús ve al hombre de un modo integral y siempre lleva la salud (vida) allí donde se agazapa la verdadera muerte.

Porque la vida que se anticipa en el Adviento viene con todo y viene para vencer a la muerte, no importa cuál de ellas, pero siempre a la muerte que mata, justamente la muerte que venció Dios, en Jesús, al momento de decir la que hasta ahora sí, viene siendo la última palabra. VIDA

noviembre 17, 2010

Batalla final

Rezando con Lucas 23, 35-43

Jesús elige lo bueno aún en tiempo en que lo bueno era considerado malo.
¡Arriesgadísimo!
Rompe sus propias ataduras para entregarse a la búsqueda de la verdadera Verdad, y así, inaugura un Reino que no es de este mundo pero que sí, es el único que puede salvarlo.
Se arriesga muchísimo Jesús.
Nosotros vemos solamente cómo se arriesga a la cruz, pero antes, constantemente había estado arriesgándose a la muerte.

Antes que a la cruz, Jesús se arriesga al pecado.
Se zambulle en la humanidad hasta el límite de lo desconocido.
Deja la seguridad de su mundo, de su tiempo, de sus certezas, de su ley, y se arroja en las aguas profundas y oscuras de la transgresión (pecado de su tiempo) para salvar a los que estaban a punto de morir.

Cada curación, cada encuentro, cada mesa compartida a favor de la vida fue para Jesús arriesgarse a lo desconocido sólo dejándose guiar por la intuición de un corazón que le permitía intuir la Verdad. Zambullirse de mil modos en la muerte siempre buscando la vida.

Cada curación, cada encuentro, cada mesa compartida, cada perdón, cada abrazo, un chapuzón incierto pero siempre imprescindible.
Primero entre los primeros.
Caminando en un campo minado para salvar a los suyos.
No pecó, no porque no se haya arriesgado, sino, porque siempre logró encontrar la Verdad y en la Verdad, la verdadera libertad. Nuevo Adán de opción acertada.
Jugó su Reinado en cada esquina y lo jugó hasta tener que apostar todo e incluso, al punto de perder todo: amigos, discípulos, amores. Seguía la Verdad. Tenía que seguir. Nunca dejar de insistir.

Último minuto. Último chapuzón. Última jugada.

Sobre el final se vuelve a vislumbrar la victoria.
El primer ciudadano del Reino se abre paso mientras padece la misma aparente derrota.
Creo en vos, estoy con vos, ¿puedo acompañarte?...necesito creerte para sentir que no está dicha la última palabra. ¡Te creo!

En la primera línea frente al enemigo un diálogo.

Mientras la muerte cree asestar el golpe final, Él desclava su mano y toma la del primer ciudadano por derecho propio.

Hoy vas a estar conmigo.
La muerte era la puerta.
La muerte no lo sabía.
Mil escaramuzas, siempre vencida. Creía haberlo tomado por sorpresa.
No lo sabía.
Jesús tampoco, pero seguía al frente.
Hasta siempre. Hasta dar todo.
Se rasgó el velo del Templo.
El Dios de la Vida estaba atento.
Liberado de su encierro se lanza a su encuentro para el acto final.

Los hombres lo habían encerrado y sólo los hombres tenían en sus manos la decisión de liberarlo. Ese era el último bastión al que sólo se llegaba arriesgando lo único que no se podía perder.
Tenía la corona en sus manos, y lo coronó.
Todos los que lo habían seguido entendieron. Mucho después, pero entendieron. No habían comprendido cómo un Rey siempre era el primero, para ser el último; cómo, siendo el más importante, se ponía en primer lugar a la hora de la batalla.

Ejemplo.
Modelo.
Camino, Verdad. Vida.

Mil batallas peleó Jesús con la muerte, hasta que en la última, finalmente ganó.
Querido Jesús, dame el valor de seguirte; de seguirte en serio.

Amén.

octubre 28, 2010

28/10/2010: Día extraño

Somos lo que hay y eso es un tesoro.

Frente a la muerte, en la desnudez del dolor, la desprotección de la orfandad o la sorpresa del vació o la liberación (y hay mil modos más de sentirla), lo que nos apabulla y golpea no es otra cosa que la sencillez de la realidad.

Una noticia preanunciada mucho antes de nuestra propia existencia, sigue tomándonos por sorpresa siempre, irremediablemente; la muerte sorprende y golpea. Marca hitos. Cierra y abre etapas. Impulsa o retiene. Marca. No somos los mismos después, como tampoco lo fuimos antes de que esa persona pasara por nuestras vidas.

La muerte condensa en un instante esos cambios y los hace irrumpir en nuestro mañana de un modo siempre imprevisto.

Nadie está lo suficientemente preparado ni para partir ni para ver a los demás partir.

La realidad, con su sencillez apabullante, sin embargo, en algún momento nos muestra que aquello que es, finalmente ha sido, aunque nunca hubiéramos querido o podido aceptarlo.

¿Por qué voy reflexionando esto hoy? Porque también yo, en lo personal, vivo esta muerte de Néstor Kirchner con la misma perplejidad con la que fui pudiendo vivir todas mis demás muertes; en distintas intensidades y perspectivas, pero con la misma perplejidad.

La muerte no se puede resignificar sin animarse a entrar en la realidad.

Somos lo que hay. Fuimos lo que hubo. Aciertos, errores, amores, odios, éxitos, fracasos, luces, sombras. Humanidad y divinidad unidas. Cielo e infierno. Pasión y límites. Gracia y carga. Todo esto condensado en proporciones diversas más o menos felices, pero siempre mixtas. Fuimos lo que pudimos ser. El otro, el que partió, también fue lo que pudo ser. Finalmente, fue quien fue, así, íntegro, repleto de todos eso que lo constituyó.

Esa es la realidad que nos muestra la muerte. Realidad que, Jesús vino a transformar y que Dios luego, tuvo que sellar con la Pascua: no estaba dicha la última palabra. La última palabra de la muerte, la que termina por dirimir la discusión, a partir de Jesús es VIDA.

Frente a esta experiencia, siempre repetida y siempre inédita, hoy se me ocurren algunas pistas que comparto por si suman:

1º Agradecer. Sí, agradecer. En este caso, por lo pronto, Néstor Kirchner tomó sobre sí una responsabilidad que millones de argentinos preferimos siquiera intentar asumir; y lo hizo lo mejor que pudo seguramente. Y puso lo mejor de sí, sin dudas. Agradecer. Alguien que se carga al hombro tamaña empresa, más allá de cualquier bandería, ideología o postura, no puede haber pensado sólo en sí mismo. Agradezco que haya dicho que sí, y se haya hecho cargo.

2º Reconcilarme. Nada de lo pendiente puede seguir pendiente. Lo pendiente, después de la partida nos deja más ligados a la muerte que a la vida. No más pendientes. Ruego a Dios por su misericordia, con la misma humildad con la que rogaré para recibirla el día en que yo parta. Soy igual a Néstor. Idéntico. Y sólo yo, mirando mi vida y mi corazón, puedo leer cuántas veces con excelentes intenciones causé daño y cuántas otras, sin la menor pizca de intencionalidad, obre bien. Mi corazón es igual al de Néstor. No me conocía, pero sin embargo, en este punto nos conocíamos mucho. Reconciliación. Todo lo demás es muerte. Sigo pensando que ésta no tiene la última palabra.

3º “Pascualizar” el pasado. Neologismo este ensayado por un hermano sacerdote, con el que quiso (con éxito) acompañarme en la partida de mi madre. Pascualizar, según él, tenía que ver con atreverse a poner todo, pero todo, a la luz transformadora de Dios, justo en el momento en el que parecería ser que lo que manda es la oscuridad.

Lo bueno, naturalmente, trasciende por sí solo. De la historia, lo bueno se eleva al cielo. No necesita mucho más.

Complicada viene la mano con lo que es malo, considero malo o solamente pude vivir como malo.

No puedo aquí dejar de pensar en la paternidad.

Modelos. Experiencias. Ensayo y error. Vidas entregadas y gastadas en abrir caminos no siempre conducentes.

Observo la historia entonces con la mayor objetividad que mi subjetividad me permite, y sin intentar (por favor no) creer que conozco la verdad, miro los hechos negativos buscando en ellos también las oportunidades de cambio que representan de ahora en adelante para mi vida.

La vida del otro, entonces, es para mí camino.

Mucho de lo hecho, dicho, acertado o errado, es para mí aprendizaje.

Su vida agotada de presente, es ahora para mí, vida nueva en propuestas nuevas.


Decía al principio, somos lo que hay y eso es un tesoro.

Dios nos ilumine para ver en cada uno ese tesoro.

Dios nos ilumine para que podamos crecer en el compromiso.

Dios nos ilumine para que asumamos nuestros roles poniendo en ellos la vida.

Dios nos ilumine para que seamos signos de conciliación y reconciliación; para que nunca callemos y busquemos la verdad; para que la primera persona siempre sea un “vos”; para que abramos caminos; para que sepamos volver cuando nos equivocamos…Dios, hoy desde la Pascua de Néstor y mañana desde las enésimas Pascuas, nos siga iluminando.

No se si todo esto es lo que “había” que decir o pensar hoy, pero sí, tengo la certeza que es lo que me trajo paz, por eso lo comparto.

agosto 21, 2010

¿Estamos preparados para esto?

Rezando con Lc 13, 22-30

Hoy me tocó predicar este Evangelio a algunos de los "últimos" y me aclaró bastante el corazón.
Cada día hay más últimos a nuestro alrededor.
Últimos que han quedado retrasados, o bien, últimos que hemos dejado atrás, de lado, fuera.
Todo viene bien para dejar gentes en el camino; lo importante es estar primeros.
Ser último hoy es cosa de tiempo para muchos y para otros, realidad irrefutable, casí condena inapelable.
Cuando Jesús habla de últimos, lo hace, a la luz de sus gestos, con una literalidad tremenda.
Mientras enseña a sus amigos a vivir como Dios manda, va encontrando últimos y los va haciendo los primeros.
No dice nada nuevo en este pasaje San Lucas, simplemente pone en palabras la opción de Jesús que tanto agigoneó a los primeros de su tiempo, al punto de costarle la Cruz.
Y quizás, por esto nos cuesta tanto a muchos siquiera pensarlo.
"Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos".
Muchos miramos la vida desde nuestro lugar de primeros.
Entendemos la realidad desde los primeros lugares.
Creemos que estar primeros es nuestro mérito y por eso, estas posiciones privilegiadas no nos pueden ser quitadas.
Jesús pasa su vida recogiendo últimos.
Mujeres, niños, leprosos, paralíticos, ciegos, pecadores, paganos...muertos. Todos últimos. Últimos que sistemáticamente pasa al frente de la fila. Últimos que por el dolor o las heridas, tuvieron la fe de reconocerse últimos pero nunca perdieron la esperanza. Es la fe la que salva siempre en estos encuentros. Fe que está por delante del yo de cada uno y que ya ablandó la coraza del "puedo solo" al punto en que pueda pasar el Amor.

Puedo hacerme último todavía. Puedo, en realidad, reconocerme uno de los enésimos últimos todavía. Tengo que aceptar dejar de ser de los primeros. Necesito humildad. Cantidades industriales de humildad para poder entender y asumir que no soy mejor que nadie, que no logré salvarme por mis obras, que no soy ni más bueno, ni más santo. Que aquello que tanto disfruto lo recibí gratis y que mucho de lo que sufro, es obra de mis propios límites. Puedo todavía, tal vez en un encuentro profundo con Él, sin que nadie me vea y sin que nadie me oiga, decirle, "Querido Jesús, te necesito". El milagro estará hecho. Habré bajado varias posiciones en la tabla ya no entenderé este Evangelio como una advertencia, sino lo que es mucho mejor, como un canto de esperanza.
¡Querido Jesús, te necesito!
Amén

enero 26, 2010

Volver

Bueno, esperemos ahora sí poder volver.
Mucho tiempo sin escribir y los dedos van perdiendo el ejercicio de expresar lo que se siente.
Pido perdón a quienes tenían el hábito de pasar por aquí y de pronto, dejaron de tener lectura fresca. Dios mediante, este año voy a retomar esta buena costumbre del compartir.
Por algún extraño fenómeno tecnológico, perdí todos los enlaces de blogs amigos; también intentaré recuperarlos.

agosto 05, 2008

Esperanza

Hoy siento que la esperanza para el cristiano, es como la cuerda del equilibrista.
Anclada en el pasado y las certezas de su propia vida, se proyecta en tensión indefinida hacia un futuro que no conoce pero en el cual confía.
Va de la certeza a la promesa.
De un extremo al otro.
De lo conocido a lo desconocido.
Nosotros, sobre ella, caminamos intentando mantener el equilibrio para avanzar lo más rápido posible hacia la meta.
En el mientras tanto alternativamente caemos víctimas de un mal paso o bajamos a descansar; con suerte, un poco y un poco.
Si perdiéramos uno de los dos amarres de los extremos, historia o promesa, la cuerda también perdería su tensión y quedaríamos entonces recluidos a vivir una existencia que sólo tendría sabor a presente. Por eso, perder la esperanza nos lleva casi irremediablemente a perder el sentido de la vida.
Quizás, el secreto sea lograr siempre fortalecer los amarres: gratitud y fe.
Ambos son Gracia y búsqueda.
Si estoy caído, ambos tengo que revisar a la hora de intentar volver a caminar.
En eso ando.
Amén

julio 31, 2008

Buscadores de recursos

Pensar en una caridad transformadora exige creatividad y fidelidad al Evangelio y la misión.
La comunión cristiana de bienes, amen de ser mandato para todos los creyentes, es en si misma un modo concreto y tangible de hacer visible el Reino anunciado por Jesús como promesa y presente.

En sí, lo que se pone en juego son los dones.

Al igual que esa tarde en la montaña, cuando, frente a una multitud que lo seguía, Jesús dijo a sus amigos: “denles ustedes de comer” (Mc 6,37) y, milagrosamente, cinco panes y dos pescados fueron banquete para miles.
El milagro exige entrega, aceptación y sacrificio.
El milagro siempre requiere también una fe profunda y una humildad enorme, porque lo que nos pide Jesús es que pongamos de lo nuestro, venciendo nuestra vergüenza y el miedo a que no alcance, para poder alimentar la multitud.

Cuando desde algún espacio de la Iglesia salimos a buscar recursos, tenemos la oportunidad siempre única de ser actores y participes directos de ese momento que se repite cada vez que nos encontramos frente a la necesidad concreta del otro.

Somos nosotros hoy los que tenemos que llevar al mundo este mensaje y hacerlo, de modo tal que, cada persona que preste ayuda, cada benefactor, cada colaborador sienta que, su ayuda, poca o mucha, sencilla o enorme, fundamental o tímida, es uno de esos panes y uno de esos pescados que alimentaron a los hambrientos y lo que es mejor, les dieron la oportunidad de reponer sus fuerzas para escuchar un mensaje que fue, es y será, verdadera comida y verdadera bebida para ellos.

Así, si revisamos nuestras obras, veremos que muchos son los que colaboran y quizás, pocos los que se sienten partícipes del milagro, que no es lo mismo que saberse responsables socialmente, ni comprometidos con el prójimo; no, partícipes del milagro es muchísimo más que eso. Por intentar decirlo de un modo sencillo, a la responsabilidad social le corresponde la salud o la educación; al milagro, la alegría, la esperanza, la dignidad reconocida, la paz.

Llevamos, sin darnos cuenta, en nuestras carpetas de presentación, contenida la esencia de la Buena Noticia; extracto de Evangelio plagado de milagros, signos y prodigios. Voces, sonrisas, sueños, futuros, de quienes hasta ayer, parecía ya no tener nada que esperar.

Llevamos, necesidades, pedidos y números, y también y fundamentalmente, el frío de la cruz, el llanto de María, la bronca de Pedro, la preocupación de José, la alegría de Magdalena, la sorpresa de Nicodemo, y el testimonio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que del mejor modo en que pueden hacerlo, nos cuentan porque todavía tienen ganas de seguir adelante pese a todo. Llevamos grito y lágrimas del Jesús de hoy, de los enésimos mudos en los que Él sigue siendo a la vez, incomprendido y Salvador. Canto y llanto. Voz y silencio.

Muchos, sin todo esto, que nosotros palpamos y vivimos día a día, jamás lo van a descubrir.

El mundo de las oportunidades, si no escucha este anuncio de primer agua, seguramente seguirá pensando que es historia, mito, creencia nomás. Que el mandato de Jesús es solo para el domingo, y la caridad, simplemente limosna y no Amor.
Contarle al mundo que dar es amar es nuestra misión.
Decirle al mundo que, pese a lo duro que se le haya puesto el cuero, todavía puede vibrar con lo sensible, y que sentir lo llevará a la verdadera plenitud, es una novedad obligatoria que debemos comunicar.
Hacer ver lo invisible, escuchar lo inaudible, temblar con lo insoportable, valorar lo ínfimo, es hacer carne la misericordia de Dios, porque permite al otro también, comenzar su propio camino de conversión.

No llevamos nada más que necesidades y pedidos al mundo de las oportunidades; llevamos la verdadera oportunidad al mundo para que se convierta en un lugar en el que a todos nos haga felices vivir.

Vamos, a veces tímidamente a pedir recursos pero no nos damos cuenta que llevamos en las manos un tesoro. Uno tal que, como cuenta Jesús, puede ser tan impactante para algunos que los mueva a vender todo para poderlo obtener (Mt 13, 44-52).

En ambas márgenes hay necesidades urgentes: en ambas sedientos, hambrientos, desnudos, paralíticos, ciegos, leprosos, sordos, mudos...muertos. Distintos, sí, bien distintos pero todos necesitados y necesarios. Ninguno descartable. Ninguno imperdonable ni irredimible. Ninguno incurable.
Nosotros, quienes navegamos por el gran río, yendo de un margen al otro, tenemos la gran misión por cumplir.

Que los tecnócratas de los mercados se ocupen de explicar los beneficios directos e indirectos que proporcionará a las empresas incorporar a sus políticas dinámicas destinadas a promover organizacionalmente la cultura de la responsabilidad social empresaria. Nosotros, los cristianos, testigos del milagro, ayudemos a los hombres encerrados en esas marañas paralizantes, simplemente a amar y poner sus dones en juego, y si ese don es, la capacidad de generar riquezas, pues bien, que sea ese su aporte a la obra, no ya como simple aporte en metálico, sino lo que es mejor, como participación concreta, directa, activa; mano que también acaricia desde donde puede acariciar.

Madre Teresa, en un acto supremo de generosidad para con el hombre, varias veces dijo que hay que dar hasta que duela. Ella, santa, se ve que tenía que dar mucho mucho hasta sentir dolor; estaba tan entrenada que solo después de dar, dar y dar, comenzaba a padecer el cansancio. A muchos de los que estamos del lado del margen "bueno", no nos pasa lo mismo. A fuerza de poca práctica, ni bien damos un poquito ya sentimos el tirón. Quizás sea el momento de cambiar la frase por un tiempo, e invitar a dar hasta que sintamos que se hizo justicia, y para eso, lo que hay que entrenar es el corazón.

Llevemos, desde las mesas y los pupitres de nuestras queridas obras esa luz que nos enciende y guía.

Llevémosla bien en alto, porque en el otro lado, en ese que parece tener todo resuelto, allí, se consume mucha energía pero no siempre se ve con claridad.

Confiemos en el plan de Jesús, que se valió de los sencillos para llevar la Buena Noticia.
Quizás así, verdaderamente el mundo cambie.
Lo demás, todo lo demás, se dará por añadidura.

mayo 26, 2008

Sin hogar

Jesús pobre, que viviste soledad, abandono, violencia, maltrato, injusticia; que sufriste sed, hambre, fío y calor; que padeciste la intemperie y caminando llagaste tus pies. Que fuiste perseguido y humillado, calumniado y agredido, traicionado y despreciado, Jesús pobre, sólo vos podés comprender el dolor profundo de las heridas abiertas de nuestros hermanas y hermanos que viven en situación de calle.

Jesús bueno, enseñanos a encarnar la verdadera misericordia para que a tu imagen, tengamos siempre las mesas tendidas, las puertas abiertas y el corazón dispuesto para recibir, contener y ayudar a tus hermanos que, más allá de aciertos o errores, hoy padecen la más horrenda de las penas: la exclusión total.

Que tu Cuerpo y tu Sangre nos transformen para poder verlos como tus Bienaventurados, aquellos por los que diste todo. Aquellos por los que también hoy nosotros deberíamos dar todo, para que termine el dolor; para que vuelvan a la vida.
Jesús pobre, curá sus heridas, dales tu paz.
Amén

mayo 19, 2008

Santísima Trinidad: rezando el misterio.

Los misterios de Dios no se pueden comprender; intentarlo, nos haría perder la gracia de vivirlos y es precisamente esa, la que nuestro Padre nos regala para que podamos experimentar en carne propia su presencia.

Vivir los misterios es participar de los misterios, y si lo analizamos un poco, justamente los misterios vividos son los que nos aportan esas dosis impresionantes de ganas, alegría y esperanza.

Un niño que nace, la inmensidad, potencia y exhuberancia de la naturaleza, el amor incomprensible, la fidelidad, la amistad, el perdón… situaciones, lugares y experiencias misteriosas pero de efectos concretos.

Desde este lugar me gusta rezar la Trinidad; desde el rinconcito sencillo en el que intento descubrir qué nos quiso decir Jesús cuando habló de Padre, Hijo y Espíritu Santo; cuando nos trababa la mente y abría el corazón contando acerca de que su Padre está en Él y El en el Padre y que si nos entregamos, ambos estarán en nosotros y nosotros en Él, y no nos dejará solos y seremos uno siendo comunidad, y presencia, y ¡cuántas cosas más! Confusas y dulces… misteriosas.

Jesús nos muestra un Dios comunidad, sin duda. Uno que no se agota en una imagen o una figura o una persona. Uno abarcativo, envolvente, presente desde el principio y certeza hasta el fin. Uno que crea todo lo creado, que se expresa en las maravillas de la creación pero que no las abandona. Uno que, apuesta por el hombre y lo acepta tal como él elige ser, pero no cesa de proponerle la verdad verdadera para que sea realmente libre. Uno que, en su capricho de amor, incluso se compromete con la humanidad haciéndose humanidad pura pero auténtica con todas las consecuencias que implica y que, juega esa humanidad hasta el límite último de la coherencia. Uno que, venciendo al peor de los flagelos, nos enseña a divinizarnos y nos acompaña, inspira e instruye para que también nosotros, podamos decirle a la muerte que no tiene la última palabra.

Uno y trino.
Tres

Dios sobre nosotros. Sobre, antes, durante y después: siempre.
Dios creador, dador, omnipotente. El Dios de las inmensas maravillas y las microscópicas perfecciones. Aquél que es en todo y se revela en todo. El inexplicable, incomprensible, impensable. El del amor y el perdón infinito. El paciente. El exigente. El incondicional. El padre.

Dios entre nosotros. Nacido de mujer; criado como niño, amado, educado, corregido, guiado como niño. Hombre que vive su vida como hombre y muestra que humanidad y divinidad no son cosas opuestas sino todo lo contrario: inseparables. Dios que, desde la humanidad muestra en ejemplos concretos sus preferencias, que enseña el valor de las palabras haciéndolas sonar como Palabras. Pobre, misericordia, amor, entrega, paz, compartir, incluir, justicia, en boca de Jesús se hacen camino, verdad y vida. Verdadero Dios y verdadero hombre que nos organiza de modo tal que, siempre, esa presencia suya sea verdadera presencia, palpable, tangible. Presencia que desde su existencia, considera imprescindible para que no volvamos a perdernos. El Hijo.

Dios en nosotros. Promesa cumplida. Misterio también del misterio que anida en nuestro corazón para impulsarnos y animarnos cuando la humanidad nos abruma la divinidad. Mediador, consuelo, fuerza vital. Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Dios en nosotros guiándonos para ser el hombre que Él creo: imagen y semejanza suya. El Espíritu.

Sobre, entre, en.
Tres palabras que me comprometen a adentrarme en el misterio y encenderme con él. Vocación del Creador por convidarnos la Creación siempre inacabada y siempre necesitada de trabajadores. Vocación de Dios de hacernos comunidad dando, como siempre, el primer paso.

Y por aquí vamos.
Tratando de unir estas tres coordenadas que, cuando se juntan, hacen que seamos nosotros, para todos los demás, ese chispazo de luz que muestra el Reino.

Intentando sintonizar la frecuencia de Dios que, por su incansable designio, requiere también un sí de nuestra parte.

No se puede entender el misterio.
No.
Sí se lo puede vivir.

Gracias, Padre bueno por invitarnos a tu obra.
Gracias, querido Jesús, por hacerte presencia y Pan.
Gracias Santo Espíritu, por llenarnos la vida de Vida.

¡Amén!

Pd.: Ayer, en nuestra comunidad de Santa Rafaela María, también celebrábamos la fiesta patronal. Fiesta en la que pudimos agradecer a Dios a estas personas sencillas que se empeñan en la vida por sintonizar las frecuencias; Santa Rafaela fué una de ellas, es una de ellas. Por eso es santa, porque desde la humildad de su lugar, su perseverancia en la oración y la adoración y su obediencia infinita, nos ilumina con unos rayos más de Su Luz. Gracias Santa Rafaela por decir que SI. Intercedé desde el Cielo para que podamos seguir tus pasos !

marzo 25, 2008

¡Resucitó!

La experiencia de los apóstoles junto a Jesús se cuaja en la Pascua.
Sus enseñanzas, su acciones, sus gestos, todo, toma una nueva dimensión después de esa mañana de sepulcro vacío.
Lo incomprensible de Jesús ahora asume la categoría de Divino y por qué no, aquello que les generaba dudas, desde la Resurrección, comienza a transformarse en las piezas de un rompecabezas que prefigura el plan de Dios.
La locura de la Cruz es bendecida por Dios y elevada a la expresión de “locura de Amor”. Amor total. Amor divino.
Todo va cobrando sentido después de la entrega.
Lo único que parecía oponerse a Dios era la muerte, y fué sido vencida.
Mucho trabajo les queda todavía por delante a los apóstoles.
Mucho rezar, mucho recordar y mucho de compartir experiencias tratando de desgranar día a día, minuto a minuto, aquellos momentos que pasaron junto al Maestro sin que ellos le prestaran la atención necesaria.
Cincuenta días pasarán a partir de ayer, en los que se sucederán encuentros, apariciones, más gestos y más palabras. Cincuenta días que les harán explotar el corazón y pedir a gritos ayuda para poder salir a contar aquello que vieron y oyeron para que ya nadie más piense que está dicha la última palabra.
Cincuenta días que coronará Dios enviando al Espíritu Santo para que todo el mundo crea.
Cincuenta días que cambiaron la historia de la humanidad a partir del mayor milagro conocido por nosotros, realizado en lo recóndito de una tierra sometida.
Cincuenta días, nada más, en los que madurarán los corazones de un puñado de personas comunes, de modo tal que, al ser animados por el Espíritu, sean ellos portadores de la Buena Noticia.
Comunes; igual de comunes e igual de imprescindibles que nosotros.
Elegidos… igual que nosotros.

Querido Jesús, te ruego que, en estos cincuenta días, me ayudes a reconocer tu paso por mi vida; los momentos que estuvimos juntos, las palabras que me dijiste y los gestos que te vi realizar. Que me visites y toleres mi falta de fe. Que venzas las puertas cerradas y los muros. Que me enseñes a perder el miedo. Que me ofrezcas tu costado para poner en él mi dedo y que, por sobre todas las cosas, me ayudes a escribir mi propio evangelio, ese con el que podré balbucear en el mundo de hoy, el tuyo, único camino y verdad. Única Vida.

Gracias por la paciencia.
Gracias por el perdón.
Gracias por el amor.


Amén

marzo 09, 2008

Donde nadie quiere entrar

“Señor, huele mal...” le dijo Marta.
Ni desde su profundo amor herido por el zarpazo de la muerte podía siquiera imaginar acercarse.
Jesús, sin embargo, hace caso omiso a la advertencia y sigue adelante, quizás, como anticipo del modo de entrega que viene a instalar; anticipo de jugarse hasta el final.
“Huele mal”, dice Marta, dándose por vencida. “Hace ya cuatro días que está muerto”, remata, justificando su abdicación.
A Jesús no lo detiene.
No hay más condenados para Él; no más incurables, no más imperdonables, no mas muertos. La batalla que librará en Pascua será definitiva y definitoria. Este triunfo, anticipo.
Allí donde ya nadie piensa que puede haber remedio, allí, justo allí está Jesús dispuesto.
Hermoso tiempo la Cuaresma para tener el doble coraje de descubrir nuestro sepulcro, ese en el que siguiera nosotros nos animamos a entrar y al verlo, reposar en que Él sí puede hacerlo. Quiere y puede. Puede y quiere.
“Ven afuera”, dirá enseguida Jesús.
Y Lázaro vuelve.
Y yo quiero volver.
Amén

Rezando con Juan 11

febrero 23, 2008

Agua viva

Rezando con Jn, 4, 5-45

Es notable ver cómo administrando lo poco se vuelve uno más justo.
En la abundancia, no se mira demasiado al vecino, pero cuando se debe administrar la escasez la justicia es casi obligatoria.
La abundancia nos invita al derroche.
La escasez, al juicio.
Parece una obviedad pero no lo es.
Cuando en la mesa, la botella está llena, ningún comensal se preocupa por ver cuánto vierte en su copa; cada uno se sirve y punto. Promediando la comida y al tiempo en que la bebida se acaba, allí sí, antes de servir, se miran los vasos ajenos. Ya sobre las últimas gotas, hasta se colocan juntos los vasos para que el reparto sea exacto.
Será un hábito tal vez.
Administrar lo poco es todo un desafío.
Reconocer en lo poco la oportunidad del compartir, una gracia.
Leyendo lo de Jesús y la Samaritana, vaya a saber por qué me vino esto al corazón.
Agua viva, dice Jesús.
Agua viva para que todos tengan vida.
Agua viva que, en el mejor de los casos esperamos recibir de Él, y no llegamos a reconocer en nosotros.
Agua viva que, sin embargo, pese a que consideremos nuestra vida un desierto, siempre está y siempre deja huellas.
Agua viva latente en las profundidades o las grietas.
Torrente que aprovecha nuestras fallas, hendiduras, depresiones, vacíos, ausencias, para hacerse visible y allí, donde la tierra se quiebra y sólo queda el hueco, se hace curso y permite que la esperanza florezca y dé frutos.
Manantial oculto en las profundidades de nuestro ser, dispuesto y disponible para ser descubierto.
Pero el agua no es sólo para nosotros.
Mandato es dar de beber al sediento.
Por eso me vino a la mente lo de la copa y el compartir lo poco.
Quiero pedirle al buen Jesús que me ayude a volver a encontrar esa agua que Él derramó en mí, y que luego, me enseñe otra vez a compartirla con los demás.
Ya los primeros vasos me los tomé sin mirar a los otros.
Ahora, quiero tratar de ser justo.
Un poquito para vos. Un poquito para mí…a ver…ahora sí están parejos.
Vida para vos.
Vida para mí.
Salud.
Amén.

enero 21, 2008

Cordero - Agnus Dei

Somos seguidores de ese Jesús. El único, el primero en todo. El que amo primero, se entregó primero y primero salio al encuentro de los perdidos, abandonados y equivocados. Ese es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. También es el Esposo que ama a la esposa y se entrega por completo. Aquel que ama tanto que se pierde de vista para solo ver al que ya perdió las ganas de vivir.
Cordero de Dios.
Gesto de máxima disposición y coherencia total.
Amor sin limites expresado en el limite ultimo de la existencia y el vacío. Puesta a prueba absoluta de la fe aguijoneada por el miedo y el desconcierto.
De la misma boca que sale la confianza sale el temor que vuelve a hacerse ofrenda.
El cordero ofrenda toda su humanidad hasta el límite último del no saber pero confiar.
Cordero de Dios.
Antes, ofrendas de los hombres siempre incompletas. Desde Cristo, única ofrenda aceptada y aceptable por Dios. Enseñanza, camino verdad y vida, dirá Él. Basta de pruebas, certezas.
Una entrega definitiva y definitoria.
Solo un modo de aquí a la eternidad para agradar a Dios.
Solo un sacrificio.
Uno, enésimo.
Darse.
Entregarse, agotarse, extinguirse, anonadarse.
Ya no un cordero, una paloma, una limosna.
Todo, uno, integro.
Hacerse ofrenda al modelo de Cristo y no dejar nada reservado o escondido. Y todo implica todo: humanidad, virtud, defecto, acierto, pecado, limite y gracia. Humanidad repleta de humanidad celebrada por Dios y elevada por Cristo a la filiación divina. Divinidad, antes lejana y hoy tan próxima que nos invita dulcemente a decir Papá, hermano, hijo.
Exclusión de la excusa.
Fin de la inutilidad del rito.
Comienzo de una relación de verdad verdadera que tiene como punto de partida la expresión más humana de la divinidad.
Cordero de Dios.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.
Entrega que es síntesis.
Riesgo final asumido libremente desde la estrechez humana que nos muestra verdaderamente quienes somos, a que estamos llamados, de qué somos capaces y fundamentalmente, que somos tan imprescindibles como amados, tan importantes como irrepetibles, tan irrepetibles y tan necesarios que Dios llega al limite de darse como ofrenda para que tengamos vida...y vida en abundancia.
No nos manda a salvar. Él mismo se arroja al mar del pecado, del dolor y el sin sentido para hacerse rescate de todos. Y dice todos. Él dice todos. Todos ayer, hoy y siempre.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Cordero de Dios que nos liberaste de la muerte.
Cordero de Dios que nos volviste a la vida.
Cordero de Dios que nos recibiste enfermos.
Cordero de Dios que nos abrazaste arrepentidos.
Cordero de Dios que nos perdonaste pecadores.
Cordero de Dios que nos alimentaste hambrientos.
Cordero de Dios que nos hiciste volver a caminar.
Cordero de Dios que nos sanaste la ceguera.
Cordero de Dios que nos invitaste a la fiesta.
Cordero de Dios, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo...danos la paz

Amén

Rezando con Jn 1, 25-37

diciembre 28, 2007

Sí. Creo. Soy.

Sí. Creo. Soy.
Tres palabras firmes. Confirmatorias. Definitivas.
Sí. Creo. Soy.
Trinidad de términos que expresa comunidad de amor.

María se entrega.
José se juega.
Jesús, es.

Todo esto entretejido con hebras de confianza, pasión, esfuerzo, alegría, dolor, sacrificio, renuncia, humanidad y divinidad.

El sin el creo era incompleto.
El creo sin el , sólo fe.
El Soy entonces, es, por designio de Dios, inseparable para siempre del sí y del creo.

Tres elementos que el Creador combina para ser presencia. Presencia misteriosa que invita a ser comunidad de amor y también a vivir el corazón siempre y renovadamente este designio de actualidad. Sí. Creo. Soy.

Sagrada Familia presente. Trinidad presente.
Individualidades trenzadas y entregadas a la Obra.

Sí, creyó y fue, no nos hablarían de Dios.

Presente.

– para dejarme llevar y ser instrumento.
Creo – para fortalecer mi duda y arriesgarme a ser parte de un plan que necesita de mis manos aunque no tenga muy claro ni el por qué ni el para qué.
Soy - para entregarme entero y siendo, dejar que Él siga siendo, del modo nuevamente misterioso en que eligió ser.

Sí, creo, soy.

Sagrada Familia de Nazaret, te ruego me regales el aire para gritar, pese a mis límites, sí, creo, soy.
Amén.

diciembre 20, 2007

¡Feliz Navidad!

La Navidad como opción

¡Que fácil sería todo si la Navidad fuera mágica!
Si el simple devenir cronológico de llegar al 24 de diciembre hiciera que todo se transforme.
Si no tuviéramos nada que hacer y todo que esperar.
Si pudiéramos pasar la responsabilidad íntegra a Dios y nosotros, entonces, dormir en el sopor de quién sólo recibe.
Total ya está.
Si me toca la buena, Dios me ama. Si me toca la mala, Dios culpable; y si estoy simplemente a flote, depende.
Magia. Magia anestésica.
Pero no es así.
Navidad es de un modo particular, misterio de opción.
Dios que viene al mundo, al mismo mundo, al de siempre, a proponer una vida distinta. Dios propone en Navidad. Propone y pone en juego todo su poder pero lo deja librado a nuestra opción. Dios se auto limita en Navidad, por eso es niño y nace verdadero Dios y verdadero hombre. Tan verdadero Dios como verdadero hombre.
Toma una vez más la iniciativa y se pone en cuclillas para compartir nuestra realidad tal y del modo en que nosotros la vivimos. A partir de la Navidad Dios prueba nuestras alegrías y tristezas, come nuestra comida, es acariciado por nuestras manos y también usa las suyas para acariciar; conoce el dolor que duele en la carne. Ama y es amado. Se deja arropar y arropa.
Dios se propone en Navidad.
Camino, Verdad y Vida, dirá luego Jesús.
Pesebre hoy. Cruz mañana. Presente siempre.
Magia sería más simple. Opción, me involucra. Requiere mi respuesta a Su iniciativa; respuesta activa, consciente, concreta. Vencer el vértigo para lanzarme a un horizonte desconocido que se expresa en un tiempo sin tiempo, pasado, presente y eterno.
Vuelve a la vida, nace Jesús, cuando me lanzo a la aventura y acepto el desafío de entrar en Su tiempo y reeditar su presencia. Cuando estoy dispuesto a creer de modo tal qué, todas las promesas se puedan cumplir y todas esas ganas de Dios encuentren en mí, tierra fértil para germinar y dar frutos.
No me necesita Dios: me elije. Me quiere. Quiere que también yo viva desde hoy el anticipo de Su Reino para que en el mundo ya no sea la muerte quién tenga la última palabra.
Tengo que decir que sí. Tengo que optar, aceptar la propuesta.
Contrariando el dicho popular, Dios propone y el hombre dispone. Su amor ilimitado no nos limita. Libres para todo, incluso para el error que nos vuelve a mostrar el camino de la libertad.
El milagro de la Navidad, sólo se cumple si me animo a aceptar la propuesta del misterio y me hago presente en el Pesebre para adorar al Salvador.
Si después de adorarlo, lo cuido, lo alimento, lo protejo en mí hasta que se haga grande, y si cuando es grande, lo sigo, lo escucho, lo anuncio…lo sigo proponiendo.
Dios es propuesta en Navidad.
Él ya dio el primer paso.
Ahora el milagro depende de mí.
Gracias, querido Padre bueno por seguir insistiendo.
Gracias, María y José, por animarse.
Gracias, querido Jesús, por volver a ser oportunidad.
¡Aceptemos el convite en Navidad y seamos parte de la Vida que viene!
Amén.

septiembre 03, 2007

A quién amo

Se nos escucha decir miles de veces que, amamos al otro, al prójimo, al que sufre, porque en él está Cristo.¿Será ésto suficiente?.
El motor más fuerte para amar al otro es el saber que Jesús lo amó, lo ama y lo amará; que Jesús ya probó quién es ese otro; que Él ya lo reconoció y descubrió de ese otro el tesoro. Y es precisamente ese tesoro el que nos invita y ordena descubrir.
Jesús está presente en la singularidad e irrepetibilidad de el otro, no como re-copia de sí mismo, sino como expresión viva de la infinitud de dones y gracias que Dios expresa desde el hombre, creado a Su Imagen y semejanza, siempre inagotable y siempre exclusiva...siempre, buena noticia.
En instancia máxima, estoy llamado a amar al otro porque sino, habría algo de Dios no amado por mí, y por ende, no podría confesar amarlo sobre todas las cosas.
El pobre, es "el" pobre y ese es su tesoro. Es Juan, María o Alberto. Único y amado.
El convite es a reconocer en ese preferido de Dios aquello que Dios tan primorosamente ama en él.
En ese sentido, y recién recorriendo este camino, me animaría a decir que el pobre es Cristo.
Vos siempre vos.
Yo siempre yo.
Él, siempre él.
Uno en nosotros.
Trino en nosotros.

julio 06, 2007

Servir

Servir es poner en juego la vida.
Quien sirve no se arriesga a vivir; utiliza la plenitud de la vida para que ésta se multiplique y transmita.
Servir es entender esa plenitud, darle un sentido y consumirse para ser luz.
Vivir en plenitud es un camino de servicio.
Jesús nos enseña ese camino; lo hace sirviendo e invitando al servicio constantemente.
Jesús acompaña, escucha, cura, alimenta, corrige, reza, comparte; hace e invita a hacer.
Servir es amar con las manos.
Amar con gestos concretos.
Es la dulce excusa para ser comunidad, mínimo de dos. Servidor y servido se fusionan y abren la puerta para esa sea comunidad de tres. Jesús se hace presente, es su promesa: sólo necesita dos o más reunidos en su nombre.
Servir no es dar cosas; es darse.
No es repartir, es repartirse.
Al modelo de Jesús, hacerse pan para el otro, alimento y vida para el hambriento que pierde la esperanza.
El necesitado me come y yo crezco en él.
El necesitado se pone en marcha y yo comienzo a recorrer un nuevo camino con él. Juntos descubrimos la vida nueva. Juntos, a la par, hombro a hombro. Respetando el paso. Ni adelante ni atrás.
Servir no es un acto de generosidad sino de justicia: distribuyo lo que recibo de Dios para ser distribuido, y lo hago según sus instrucciones. Los dones que pongo al servicio no me pertenecen. Soy administrador del tesoro que Dios distribuyó por el mundo para que haya vida... y vida en abundancia.
Servir es un camino excelso para llegar a la Comunión.
Si vivo sirviendo, vivo ya la promesa y el Padrenuestro se cumple hoy.
Sirviendo se reconoce padre al Padre; hermano al hermano.
Sirviendo se santifica el nombre de Dios.
Sirviendo viene a nosotros su Reino.
Se hace su voluntad.
Se recibe y comparte el pan de cada día.
Se perdonan las ofensas.
Se deja de juzgar.
Se cierran las puertas a las tentaciones....
Y el mal, ya no puede alcanzarnos, porque sirviendo somos uno con Jesús y Jesús es el vencedor.

¿Que no soy perfecto?
¡Claro! De ser así no podría haber fuego.
Mi leña, y mis espinas son las que llevo para arder.
Madera seca y madera verde.
Muerta y viva.
Trigo y cizaña.
Voy entero. Quiero ser pan.

Sirviendo pierdo el orgullo y me hago humilde.
No escondo avergonzado mis dones por más pobres y sencillos que los considere. Los exhibo y entrego en la certeza de que es Jesús quién hace el milagro.

Hay hambre, pongo mi pan. Un mendrugo. No importa. Jesús lo pide. “que se sienten en el pasto” -debe haber gritado-. Un mendrugo y un pescado. Vergonzoso para ofrecer. Comida de miles. Si me guardo los dones no hay milagro. Un chico los entregó. Los grandes querían buscar soluciones grandes; el chico hurgó en su bolsita y reconoció el pan. Ridículo a los ojos de hoy. Eso es ser humilde. Eso es servir.

Tengo esto.

Creo que es poco.

Lo entrego.

Amén.