agosto 05, 2008

Esperanza

Hoy siento que la esperanza para el cristiano, es como la cuerda del equilibrista.
Anclada en el pasado y las certezas de su propia vida, se proyecta en tensión indefinida hacia un futuro que no conoce pero en el cual confía.
Va de la certeza a la promesa.
De un extremo al otro.
De lo conocido a lo desconocido.
Nosotros, sobre ella, caminamos intentando mantener el equilibrio para avanzar lo más rápido posible hacia la meta.
En el mientras tanto alternativamente caemos víctimas de un mal paso o bajamos a descansar; con suerte, un poco y un poco.
Si perdiéramos uno de los dos amarres de los extremos, historia o promesa, la cuerda también perdería su tensión y quedaríamos entonces recluidos a vivir una existencia que sólo tendría sabor a presente. Por eso, perder la esperanza nos lleva casi irremediablemente a perder el sentido de la vida.
Quizás, el secreto sea lograr siempre fortalecer los amarres: gratitud y fe.
Ambos son Gracia y búsqueda.
Si estoy caído, ambos tengo que revisar a la hora de intentar volver a caminar.
En eso ando.
Amén

3 comentarios:

hna josefina dijo...

¡Bueno!
¡Gracias!

Analía dijo...

Segundo comentario en 5 minutos.
Comento en una entrada más abajo, y como si tus palabras fueran una extraña clase de anzuelo, no puedo despegar del blog. Busco... voy al principio. Siempre voy al principio. Leo Pascua, en muchas entradas...sigo leyendo y me atrapa!
No quiero apurada pero me mata la ansiedad, no puedo con eso.
como siento que este espacio es nutritivo de verdad, que lo que compartis me llega, que es hondo... lo guardo en favoritos, y vuelvo después.
Me encanta haber caído acá!

Hasta luego.

Pablo Muttini dijo...

Já! yo vengo de visitar el tuyo...
bienvenida!, Analía. Me alegra mucho que te sientas cómoda.
Abrazo y paseá tranquila...está para eso.
Pablo