agosto 21, 2010

¿Estamos preparados para esto?

Rezando con Lc 13, 22-30

Hoy me tocó predicar este Evangelio a algunos de los "últimos" y me aclaró bastante el corazón.
Cada día hay más últimos a nuestro alrededor.
Últimos que han quedado retrasados, o bien, últimos que hemos dejado atrás, de lado, fuera.
Todo viene bien para dejar gentes en el camino; lo importante es estar primeros.
Ser último hoy es cosa de tiempo para muchos y para otros, realidad irrefutable, casí condena inapelable.
Cuando Jesús habla de últimos, lo hace, a la luz de sus gestos, con una literalidad tremenda.
Mientras enseña a sus amigos a vivir como Dios manda, va encontrando últimos y los va haciendo los primeros.
No dice nada nuevo en este pasaje San Lucas, simplemente pone en palabras la opción de Jesús que tanto agigoneó a los primeros de su tiempo, al punto de costarle la Cruz.
Y quizás, por esto nos cuesta tanto a muchos siquiera pensarlo.
"Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos".
Muchos miramos la vida desde nuestro lugar de primeros.
Entendemos la realidad desde los primeros lugares.
Creemos que estar primeros es nuestro mérito y por eso, estas posiciones privilegiadas no nos pueden ser quitadas.
Jesús pasa su vida recogiendo últimos.
Mujeres, niños, leprosos, paralíticos, ciegos, pecadores, paganos...muertos. Todos últimos. Últimos que sistemáticamente pasa al frente de la fila. Últimos que por el dolor o las heridas, tuvieron la fe de reconocerse últimos pero nunca perdieron la esperanza. Es la fe la que salva siempre en estos encuentros. Fe que está por delante del yo de cada uno y que ya ablandó la coraza del "puedo solo" al punto en que pueda pasar el Amor.

Puedo hacerme último todavía. Puedo, en realidad, reconocerme uno de los enésimos últimos todavía. Tengo que aceptar dejar de ser de los primeros. Necesito humildad. Cantidades industriales de humildad para poder entender y asumir que no soy mejor que nadie, que no logré salvarme por mis obras, que no soy ni más bueno, ni más santo. Que aquello que tanto disfruto lo recibí gratis y que mucho de lo que sufro, es obra de mis propios límites. Puedo todavía, tal vez en un encuentro profundo con Él, sin que nadie me vea y sin que nadie me oiga, decirle, "Querido Jesús, te necesito". El milagro estará hecho. Habré bajado varias posiciones en la tabla ya no entenderé este Evangelio como una advertencia, sino lo que es mucho mejor, como un canto de esperanza.
¡Querido Jesús, te necesito!
Amén

3 comentarios:

hna. josefina dijo...

¡Epa! ¡Qué maravilla!
Un abrazo de reencuentro.
Espero que te tengamos ya un buen tiempo.

Pablo Muttini dijo...

Jose! Alegría leerte.
Aunque parezca mentira, extraño mucho este espacio y la compartida.
Es un lugar familiar en el que siempre me siento en casa y las visitas son casi las infaltables...como en el barrio.
Vecina, hermana, el mate está siempre listo!
Abrazo grande y prometo hacerme el tiempo para lo importante.
Siempre aquí, aunque no aparezca demasiado seguido,
Pablo
Pd. Jesús me sigue haciendo regalos inmensos, uno de ellos, predicar este Evangelio a quienes ya ni siquiera creen que son los últimos, y a unas horas de diferencia, a quienes (entre los que me incluyo) ni siquiera dudamos de estar en los primeros lugares de la tabla.
Lo de la esperanza, me lo soplaron los corazones de los últimos para que se los susurre a los de los primeros.

Alejandro Butowicz dijo...

Pablo que alegría volver a tener tus reflexiones. Las estaba extrañando. Siempre me enseñás muchas cosas. Un abrazo en Cristo.
Alejandro Butowicz