noviembre 20, 2013

Seguimos con la encuesta

Vamos bien, lento pero bien!
Ánimo para responder!
Aquí va un nuevo link por si no pudieron entrar al anterior.
Comentarios, bienvenidos
Desafíos pastorales sobre la familia

noviembre 14, 2013

Encuesta Papa Francisco





Asistimos a una oportunidad extraordinaria para expresarnos y expresar nuestras ideas, opiniones, impresiones y sugerencias, respecto de un tema tan determinante como la FAMILIA.
Según una encuesta bastante reciente, en Argentina, menos del 30% de los bautizados forma parte de comunidades parroquiales y asiste a Misa. Justamente, esta encuesta, permite que TODOS puedan participar, ya sea con la metodología que se proponga desde las parroquias a ese 30%, o bien, con la difusión de las preguntas para que el 70% restante, TAMBIÉN PUEDA EXPRESARSE!!!!.
Por favor, difundanla a quienes consideren que tienen algo para decir!
En este link se puede contestar on-line: COMPLETAR LA ENCUESTA
¡Que el Espíritu sople!

marzo 28, 2013

De ovejas y pastores


“Pastores con olor a oveja”…
Frase Fuerte.
Parece que el Papa Francisco no nos va a dar descanso.
Quizás sea el primer paso para que, los que tenemos la gracia y mandato de andar con el rebaño, vayamos (o sigamos) viendo al rebaño como sacramento de Cristo, y a cada oveja como al propio Cristo.
Los olores también, evocan, provocan y convocan.
Se graban en nuestra memoria mucho más incluso que las palabras.
Nos llevan nuevamente a ese momento y lugar, nos producen las mismas sensaciones y se esfuma el tiempo.
Es a veces tan duro oler a la oveja como acercarse a la Cruz.
Tarda tanto en irse de la nariz “ese” olor, como al cerrar los ojos, dejar de ver al Crucificado.
Será por eso que a veces le escapamos al rebaño.
El olor queda impregnado no ya en la ropa sino en el alma.
¿Será esto lo que pide Francisco?
¿Almas que nunca más olviden el olor de sus ovejas?

Muy feliz día para todos los sacerdotes, y que el Buen Jesús les renueve las ganas de mezclarse con el rebaño, de vencer el pudor de los olores y dejarse invadir por una humanidad a veces perfume, otras hedor, pero siempre humanidad y a cuanto más hedionda, más herida y más necesitada de pastor.

febrero 23, 2013

Regresos en Cuaresma


No hay duda: es necesario mojarse los pies para poder pescar.
Aquello de navegar mar adentro y volver a tirar las redes en el lugar del fracaso (Lc 5, 1-11), puede ser todavía milagro cotidiano.

Hace un par de sábados se los propuse en nombre de Jesús a los muchachos de nuestra comunidad (hombres y jóvenes en situación de calle y voluntarios sirviendo). Propuesta sencilla de lectura lineal. Nada complicado. Casi literal.

¿Alguien siente o cree que ya la jornada de pesca está perdida?

¿Alguno de ustedes siente que en es lugar ya fracasó y que no tiene sentido volver?

¿Creen que por más que vuelvan el resultado será el mismo?

Casi literal. Buena noticia, recién salida del Evangelio fresca, para ser consumida mientras todavía está crujiente.
Me miraron los muchachos y en casi todas las miradas se leía un fracaso. Una noche larga de pesca infructuosa. Una noche en la que se habían acabado las fuerzas, las ganas, la esperanza. Quizás también, una noche de errores, de malas opciones, de desatinos. En muchas miradas había necesidad de volver y también, de no saber cómo.

Les hice propuestas. Les recodé mejor dicho las propuestas de Él. Reforcé aquello de que no volverían solos, de que lo harían con mandato y de que además, era Él el que les llenaba la esperanza de certezas.

Volver así es otra cosa.
Volver, si todavía se puede volver, implica desandar.

Paradójicamente, Albert Einstein contradice casi desafiante a Jesús: “loco es el que haciendo siempre lo mismo espera obtener resultados diferentes” pregona, palabra más, palabra menos.

Por el contrario la propuesta de Jesús es volver, y volver a hacer lo mismo. Una pequeña diferencia hace la gran diferencia. La fe. Fe no sólo creyente sino encarnada. La fe que permite que la Palabra eche raíces y transforme.

Para poder volver, al estilo de Jesús hay que hacerle caso.

Por la fe, tengo que tomar coraje y seguir sus instrucciones. Además de las redes tengo que llevar perdones, respetos, aceptaciones, misericordias, arrepentimientos, agradecimientos, fracasos, dolores y alegrías. Semillas germinadas de Reino que me van a permitir contradecir a Einstein: voy a volver, a hacer lo mismo, al mismo lugar pero de un modo diferente; entonces, no será lo mismo. Voy a volver, pero esta vez, no volveré solo, Él vendrá en gestos y actitudes, conmigo. Así, es dudoso que el resultado sea el mismo.

Esta mañana, celebrando la Palabra en la comunidad, a instancias de un muchacho que andaba preparando nuevamente las redes, pregunté ¿alguien se animó a volver? ¿Alguien tiene ya identificado a dónde fracasó y a donde volver?, y para gran sorpresa, tres hombres dijeron sí: Ricardo, Guillermo y Alcides que andaban rumiando el regreso.

Ricardo quiere volver al lugar dónde dejó de ser él para ser aquello en lo que se convirtió, y volver a ser él.

Guillermo quiere volver a sus afectos, sus amores y su familia.

Alcides, quiere volver a ser un “laburante” (y lo dijo con la fuerza de todo lo que esto implica).Quiere destilar “su veneno” (sic) y volver a ser un laburante con todas las letras. Puños apretados. Ojos cargados.

Silencio.
¡Amén!

Nota:

¡Hay que tener coraje para verbalizar esto! y para hacerlo delate de tus pares.
Se ve que Jesús les habló en la orilla.
No tengo duda de que Él los acompañará en la pesca.
Nosotros, como comunidad, además de dar gracias, también.
Dios los bendiga y les de fuerzas.
Gracias Jesús bueno, por permitirnos participar del milagro.

noviembre 24, 2012

Casi una obviedad...

No se entiende la Cruz si no se entiende la entrega. Entrega tiene que ver con dar. Dar, con darse y darse, con saber con qué se cuenta. Saber con qué se cuenta implica revisar y revisar, discernir. Con el discernimiento aparece la memoria y con la memoria, el agradecimiento. Con el agradecimiento la gratitud es obligatoria y la gratitud, socia de la humildad nos habla de amor. Amor, nos susurra entrega y entones, sin quererlo, llegamos a la Cruz.
¡Amén!

agosto 14, 2012

Breve del Pan de Vida

Rezando el Pan de Vida, se me pegó aquello de que "Dios le da pan a quién no tiene dientes".
Parece que para Él, es más importante el hambre que el mérito.

julio 06, 2012

Breve...

La palabra prójimo, en boca de Jesús es un verbo.

junio 23, 2012

Jesús y Juan

Si vale la licencia,  podría decir hoy que Jesús no fue cocinero por vocación sino porque pudo reconocer que la gente tenía hambre.
 
No es un detalle menor verlo de esta manera.
La vocación es algo que desde adentro del corazón se expresa en actitudes, gestos y búsquedas, mientras que esta suerte de “vocación exógena” surge de una profunda sensibilidad que llega incluso a desestabilizarlo y hacerlo volver a pensar aquello que ya estaba establecido.

Naturalmente que de parte de Él había un sí primerizo, que desde el momento de su concepción María imprimió en su ser humano confirmando el sí ya dado por el Padre; pero un sí no es lo mismo que una vocación.

La opción radical de Jesús por mantenerse fiel al plan de Dios fue tierra fértil y vientre fecundo para que la sensibilidad vaya mostrándole la voluntad del Padre. Para que la sensibilidad mute en misericordia.

Y muchos fueron también los que colaboraron: anónimos e ignotos que sólo se distinguían por su dolor, al ser descubiertos por Él, pasaron a tener nombre y reconocimiento.

Ahora bien, en esta pedagogía, uno de los primeros que logró reunir a los que ya eran los bienaventurados de Dios y que él luego haría propios, y propios hasta dar la vida por ellos, fue Juan el Bautista.

Juan fue el primer que reunió a sus bienaventurados.

El primero que juntó el coro de hambrientos que susurró en el corazón de Jesús hombre la melodía propuesta por el Padre.

Juan en sus largas filas de excluidos anticipaba la promesa que luego cumpliría Jesús. Sus bautismos, lavadores de penas, angustias, culpas y miserias, eran el afeite para recibir la visita del Gran Huésped.

Sus filas, matizadas de historias y vidas repletas de humanidad herida, eran largas colas de esperanzados por Reino. Y Jesús, un día estuvo allí. Haciendo fila. En la fila. Entre ellos. Quizás (seguramente) sintiéndose uno de ellos… Y en la fila se escuchan cosas. Se escuchan comentarios íntimos, deseos profundos, reproches huecos. Dolores, búsquedas.

Es muy probable que Jesús, en esas filas de Juan, haya tomado conciencia de que hacía falta un cocinero. Había hambre y hambres tan profundos que luego, con el pasar del tiempo, lo llevaron nuevamente a cambiar su plan. Ya no sería más cocinero sino que ahora sería pan.

Por si no había escuchado bien a su corazón, en una de esas filas y uno de esos días, Dios irrumpió estruendoso y dulce anunciando y reafirmándole quién era; a qué estaba llamado, de qué madera estaba hecho.

En esas filas de Juan, Dios confirmó su opción y se hizo opción.
No estaban esperando en vano los bienaventurados.
El Reino estaba entre ellos.
Los poderosos no lo podían entender. No lo pueden entender todavía.

Querido Jesús, ayudame a vivir tu propuesta. Ayudame a escuchar a los que tengo alrededor. Ayudame a por lo menos, frente al hambre, servir las mesas y poder ofrecerte como Pan. Verdadero Pan.

¡Amén!

junio 08, 2012

Parábola breve sobre la Trinidad

La Santísima Trinidad se parece a la música…
Tres elementos son fundamentales e inescindibles: autor, intérprete y obra.
La música está desde el principio y siempre seguirá estando.
Está y es en un estado ininteligible pero presente.
Está en la naturaleza y en el universo.
Trasciende nuestra dimensión y nuestro espacio.
Con la sencillez de unas pocas notas, se combina indefinidamente de modo que en cada obra, materializa su potencia y expresión.
Autor, intérprete y obra, son inevitables e inseparables.
Cada uno remite al otro y sin el otro no habría posibilidad de conocer a ninguno de los dos restantes.
Autor sin intérprete no consuma.
Intérprete sin autor no expresa.
Obra sin autor no es obra y sin intérprete, no habla.
La música contiene estos tres sujetos y los transporta.
La obra es música parcial y completa. Combinando sonidos pasados y presentes, se proyecta siempre hacia el futuro de la nueva escucha.
La música habla al futuro hoy con las notas del pasado. La obra implica un proceso activo llenos de presencias, ausencias y esperas.

Acompañando cada momento de la vida, cada sentimiento, cada estado de ánimo, la música se presenta en obras que nunca desentonan con nuestro corazón. Nuestro corazón ansía encontrar la melodía adecuada que se siente a su lado a compartir su momento especial.

A veces, un acorde ya nos remite a la obra. Otras, un acorde, nos presenta vívidamente al autor. Otras más, un acorde fija en nuestra retina nuevamente al intérprete. Algunas menos, autor, intérprete y obra forman una presencia completa.

De mil modos, como susurro tarareado o con la potencia de la orquesta, la música le da a nuestras vidas un condimento único que encierra en cada uno de nosotros cosas exclusivas e irrepetibles.
La música me habla en primera persona y trae de la mano vivencias tan personales que finalmente puedo afirmar que son mías.

Con la música puedo despegarme de el hoy y viajar.
Viajando puedo volver al ayer y también, proyectar el mañana.

Autor, intérprete y obra, hablan de la música. Son la música.
Padre, Hijo y Espíritu Santo, hablan de Dios. Son Dios.
Uno y trino.

diciembre 22, 2011

¡Feliz Navidad!

Siento hoy que el desafío de la Navidad se juega fundamentalmente en mi propia humanidad. Soy yo el que tiene que aceptar a Dios tal como Dios se propone. Soy yo, el que tiene que claudicar a una fe de relicario, para dejarme acariciar y enternecer por una que me invita a sumergirme en la realidad plagada de vida y rebosante de cotidianeidad transfigurada.

Necesito humildad para amar mis límites y reconocer que ésta es la nueva propuesta de Dios: HUMANIDAD. La mía, la tuya, la nuestra.
Necesito humildad para amar tus límites y reconocer que ésta es la nueva propuesta de Dios.

En su humanidad, Jesús exhibe toda la potencia de la divinidad; pero en esa divinidad cuesta creer porque interpela. Interpela por su cercanía y porque compromete con sabor cierto a compromiso posible.

Si todavía estaba esperando algo, ya no tengo más nada que esperar.

Dios está con nosotros, entre nosotros, en nosotros, en vos, en mí.
Aceptar a Jesús en el pesebre es doblar las rodillas frente a la más osada expresión de Dios.

Quizás no sea el Mesías que esperaba.
Sin duda es el Mesías que necesito.
Por eso me hace falta humildad.

Querido Jesús, Dios con nosotros, Dios conmigo,
te pido que desde el Pesebre me estires los brazos
tara que pueda caer rendido frente a la ternura de tu Amor.

Querido Jesús, Dios con nosotros, Dios conmigo,
enseñame todo, mostrame todo, contame todo,
porque quiero aprender a amar como Vos amás;
porque quiero aprender a amar como Dios manda.

Amén

¡Muy feliz Navidad!

noviembre 01, 2011

Hermanos

Rezando con Mt 23,1-12

Hermano, es una palabra fuerte.
Una conquista más que un título.
Una construcción, más que un hallazgo.
En boca de Jesús, mandato.
En boca de abreboca, parentesco, nada más que parentesco y eso es poco. Hermano es más. Implica todo lo que Él quiere expresar: Padre común, compromiso, amor conciente, respeto. Implica también cuidado y un cuidado preferencial por el débil, por el que sufre, por el que está en peligro, por el necesitado; todo esto simple y sencillamente porque el otro, ese otro al que llamé mil veces otro no es otro sino mío, propio, hermano, prójimo y próximo.

Soy hermano mayor de mis hermanos menores.
Lo soy aunque no quiera reconocerlo.
No es opcional: hermano se es por derecho propio, y ese derecho es mío y también de él. Puedo no asumirlo pero eso no me libera, al contrario, me acorrala en un mundo que cada vez se parece más a mi plan y menos al plan de Dios.

Hermanos, Jesús dice hermanos y como en casa, reparte tareas.
Los más grandes, a ocuparse de los más chicos.
Los más fuertes, a ocuparse de los más débiles.
Los más instruidos, a ayudar en las tareas a los que menos saben.
Los más alegres, a llevar sonrisas.
Los más sensatos a dar consejos.
Los más sensibles a poner el hombro.
Los más, a jugarse por los menos. Siempre así.

Todos hermanos y todos comprometidos con los demás.
A mi turno, en algún momento, siempre, fui, soy y seré, alguno de los menores y también, alguno de los mayores. Problema de tiempo nomás. Tiempo y percepción.
Cuidaré y seré cuidado.
Soportaré y seré soportado.
Lógica de Dios que a nuestros ojos sólo se valida con el amor.
Revisando ejemplos de amor recibido y amor dado, la propuesta es obvia.
No hay ninguna aproximación mayor a Dios que el Amor.
Jesús nos dice siempre esto y agrega un modo de amar que distingue a quienes ya vivieron la experiencia sanadora y transformadora de ser amados: debemos amar intencionalmente. Amar al no amable, al no-pasible de ser amado. La misericordia entonces es el primer modo de amar. La tolerancia, el respeto, la paciencia. Modos de ejercitar el músculo.

Siempre somos hermanos.
Siempre podés llamarme hermano.
Sólo si te amo, puedo llamarte hermano; si te amo, o por lo menos intento amarte. Si convierto ese amor en gestos concretos y dejo de decirte lo que tenés que hacer, para hacer aquello que vos necesitás que haga, diga, escuche o comprenda.

Así, y solo así se puede entender la locura de Jesús. Su pasión y preferencia siempre por los últimos, por los postergados, por los que sufren, por los pobres. Pasión que se hace camino y repite que ser mayor implica responsabilidad, no privilegios. Que tener más obliga a ser mejor administrador y que ser más fuerte conlleva proteger y no someter. Que si recibimos más luz es para iluminar y que si logramos entender lo que otros no entienden es para que lo podamos explicar.

Hermanos mayores ocupándose de hermanos menores.
Cosa de padres invitando a fundar familia.

Que el buen Jesús nos ayude y aliente para asumir el compromiso.

Amén.

junio 30, 2011

Cuidar la vida

Estamos llamados a cuidar la vida.

Amor, servicio y vida. Así podría haber sido el orden.
Dios dispuso primero las condiciones propicias para que la vida sea viable; entonces fue servidor. Eso es también amar, amar fundamentalmente. Un amor que se anticipa a todas las necesidades del amado; amor que se hace servicio para que esa vida por venir pueda encontrar las condiciones para cuajar, desarrollarse y luego también, entregarse y así seguir el ciclo que siempre es amor, servicio, vida.

El servicio visto de este modo, es una asistencia constante a la vida.
La vida es inviable en el aislamiento y la soledad total.
Necesitamos de los demás y somos para los demás también los que disponemos los medios para que sus vidas sean viables.

La vida requiere desde su inicio constantes cuidados especialísimos que nosotros, individualmente, no nos podemos procurar.

Desde un vientre, sangre, oxígeno y alimento, hasta el último día, la contención de un abrazo que nos ayude a dar el paso de la Pascua.

En todas las etapas, la vida requiere asistencia. En algunas, de un modo más visible y obvio, en otras no, pero siempre requiere asistencia.

Aún cuando pienso que sólo me basto, también allí, y especialmente allí, la vida requiere asistencia.

La vida es enorme, inasible, al punto de que miles de personas necesitaré para poder vivir y enésimas más para vivir en plenitud.

La comunidad es el modelo más obvio de asistencia a la vida.
La comunidad constituye el ámbito en el cual estoy protegido, unido a mis hermanos ya no soy “ese” solo, ese aislado. Si me quedo la construyo y mi vida está salvaguardada; si me voy, me alejo y entonces los peligros se agigantan.

La soledad vista así no es parte del plan de Dios.
Jesús la asocia más al extravío que a la opción, y frente al extraviado, al perdido, su respuesta es siempre la misma: ir a su encuentro.

La vida requiere un tratamiento especial, delicado, dedicado, constante, atento, preciso, sostenido. Tratamiento responsable, firme, sobrio, exacto.

Y el servicio llama.
El amor es el aroma que desde la vida nos llama al servicio.
El amor va llevándonos justo dónde la vida está en riesgo por mínimo que parezca.
El amor nos guía.
El amor nos orienta.
El amor nos mueve.
Amor que inmediatamente nos pone en el camino del servicio.

Dios es Dios de Vida.
La vida es frágil y la consecuencia de una herida en la vida es el sufrimiento.
Quien sufre no puede vivir la vida con plenitud.
Plenitud y felicidad así son sinónimos.
Dios quiere que tengamos vida y la tengamos en abundancia.
Dios, nos confirma Jesús, siente en las entrañas el dolor.
Jesús no teoriza.
Viene a reparar el error y por eso primero, busca a los que sufren, sencillamente porque sufren.
Sufren todos aquellos que encuentran amenazada su vida.
Los que tienen la vida amenazada, entonces, para Jesús son prioridad: son los bienaventurados.
Toda la vida de Jesús fue un confirmar esa opción.
Quien sufre, siente que su vida se va perdiendo a manos de una muerte que se anticipa en sufrimiento. Siente que esa herida es palabra definitiva y que ya de allí no podrá salir.
Jesús, primero con pequeños signos y luego, con el máximo sacrificio de la cruz y la muerte, se entrega para confirmar que la muerte no vence; que no está dicha la última palabra, y que, si alguien puede decirla es Dios, y la palabra entonces es SI.

La dimensión diaconal de la Iglesia nos hace imperativo estar junto a los que sufren.

El sufrimiento sólo terminará el último día. Mientras exista sufrimiento será necesaria la presencia de Jesús en el mundo. Mientras esperamos la próxima venida, somos nosotros, por decisión de Él, quienes tenemos que hacerlo presente. Así se entiende el amor intencional que nos manda Jesús: ¡Amarás!

De los sufrientes que más sufren, los primeros son los pobres.
Son los primeros porque sufren. Punto.
Aquí, para Jesús no hay lugar a discusiones.
Y si diera lugar porque nos aturden nuestros juicios (cosa frecuente), no importa cuán equivocado, responsable o confundido: Sufre y eso es suficiente para encender el sentimiento más incomprensible desde la razón y más reconfortante desde el sentir: la misericordia.

Todos los que sufren son la prioridad de Jesús.
Todos los que sufren son la prioridad de Su Iglesia.
Todos los que sufren son nuestra prioridad…
(Tienen que serlo)

Nosotros, Iglesia, debemos estar en todas las situaciones humanas en que la vida esté amenazada. Salir a buscar lo perdido, porque está perdido y debe ser encontrado. Esta es la dimensión diaconal de la Iglesia. Inseparable del anuncio porque el anuncio sin gestos es declamación no Buena Noticia.

Misionar es llevar a Dios al mundo; un Dios que quiso hacerse presente precisamente poniendo en primer lugar a los últimos y confirmando que servir, es el único modo de volver a poner orden.
Sirviendo se construye puentes para que el Amor llegue al amado.

Jesús está en el que sufre sacramentalmente.
Jesús sacramentado en el dolor es luz en las sombras de la no-vida. La negrura del sufrimiento no puede contra un hálito de amor.
Tuve hambre, estaba desnudo, solo, preso…siempre lo hiciste conmigo. Siempre lo hiciste con él. Siempre lo hiciste.

La divinidad de cada hermano grita desde el dolor, el dolor de Dios frente al sufrimiento humano. Jesús gime con nuestro sufrimiento.
Cuando lo hiciste con el más pequeño…
Jesús entonces está en el que sirve, porque sus manos no pueden quedarse quietas frente al que está al costado del camino.

El mismo Jesús que entrega su vida en la batalla definitiva para vencer a la muerte, nos interpela para que entreguemos la nuestra en el servicio, anticipo de la entrega definitiva. Escaramuzas en la batalla. Pequeños triunfos frente a la no-vida. Servicio.

Y él está allí.
Jesús está en el misterio del encuentro porque el encuentro es anticipo del Reino.

La diakonía de la Iglesia expresa el compromiso de Dios con el presente.
Desde el encuentro sanador, la buena noticia se hace testimonio porque el amor prometido se hizo gesto.

Separar la Iglesia de su diakonía es negar la encarnación.

La diakonía impone movimiento.
Implica una dinámica por la cual salgamos de nosotros y vayamos hacia todo aquel que sufre. Prójimo es el caído sí y solo sí, nosotros nos aproximamos a él. Mientras tanto sigue siendo simplemente otro.
Projimidad es acción no circunstancia.
Projimidad es búsqueda y atención, no encuentro casual.
Projimidad es opción.

El único modo que se me ocurre hoy para cuidar la vida es servir.
Amén.

junio 14, 2011

...y ¡mueven las montañas nomás!

Este fin de semana, en Argentina, tuvimos la oportunidad de participar en la colecta anual de Cáritas...Los invito especialmente a ingresar a Facebook, buscar "Cáritas Joven" y comprobar de lo que son capaces nuestros chicos cuándo se lo proponen. Obviamente que también participamos adultos, familias, y todos los "de siempre" pero sin duda, lo que movilizan los jóvenes es un ventarrón de aire fresco...Parece que el Espíritu sopla fuerte...
Es notable ver cuánta generosidad hay contenida en la gente y también, lo necesario que es decir que SI y poner las manos al servicio para que ese gesto cuaje en expresión de amor.
Salir a la calle con la colecta es llevar a la calle la fiesta del compartir. Una experiencia única.
Pasen por Facebook y espíen; ¡vale la pena!

pd: si tienen experiencias de sus parroquias, por favor manden el link o los testimonios!

junio 08, 2011

Esperando al Espíritu Santo

Rezando con Mt 28, 16-20

Siempre tiene la iniciativa. La tiene y por si fuera poco, además la toma.
Jesús se anticipa y jamás nos propone algo que no haya probado y no tenga la certeza de que podemos cumplir.
Desde resistir al pecado hasta soportar lo insoportable, pasando por el amor, la misericordia, el perdón, la amistad, la paciencia, la inclusión. Todas las propuestas de Jesús, si bien parecen inalcanzables están diseñadas para la medida del hombre común.
La fe hace la diferencia.
Creer.
Creer en nosotros con la misma certeza con la que cree Él.
Creer en Él, con la misma intensidad con que deseamos lograr lo inalcanzable. Confianza.
El domingo pasado, estando resucitado y reunido con sus amigos -crédulos e incrédulos- les hizo una última afirmación que sería el principio de una nueva relación: “y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Increíble viniendo de quién venía. Los que estaban allí con él, todavía no habían logrado entender esto de la muerte y la resurrección. Jesús anuncia que parte pero que no parte; que se va, pero que se queda. También les dijo “vayan” a terminar lo que el comenzó. Una propuesta que exige una fe muy profunda. Exige creer y creer en serio.
Jesús también nos enseña a creer con su testimonio.

Pensaba en un artista, un escultor, que a pocos golpes de terminar su obra, cuándo ya prácticamente pudo decir todo, expresar todo, mostrar todo, decide irse y encomendar la tarea final a sus discípulos, que entre sorprendidos y asombrados, lo ven repartir todas las herramientas que él uso, para que sean precisamente ellos los que puedan terminarla. Un artista que comparte el momento culminante de su creación con sus amores, para que sean ellos los que también puedan ser protagonistas.
Herramienta por herramienta, una por una, va depositándolas en manos temblorosas.
Una para cada uno, de modo tal que ninguno pueda sentirse ahora el dueño y sí, todos parte.
Así, todos a partir de ese momento serán imprescindibles.
Así, todos serán necesarios, útiles, inevitables. Así todos podrán también reconocerse dependientes y constitutivos de una comunidad que ya no puede aceptar excluidos.
¡Cuánta confianza!¡Cuánta fe!
Jesús primero cree en nosotros.
Antes de pedirnos que creamos en Él, cree en nosotros.
Nada deja librado al azar.
Pronto vendrá la inspiración.
Pronto, en Pentecostés, se disiparán nuestras dudas y sabremos cómo usar las herramientas que nos dejó.
Cree en nosotros. Cree en mí.
Ahora me toca el turno de creer realmente en él.
Siempre tiene la iniciativa.
Siempre me permite decir que SÍ.
Amén

diciembre 04, 2010

¡Vas a ver cuando venga papá!

Rezando con Mt 3, 1-12

Cuántas veces escuchamos esto en casa, o de chicos o de grandes.
Alguien tiene que poner orden y ya para quién está en el día a día, eso se convierte en una tarea ímproba.
Poner orden.
Poner orden, también puede estar expresando nuestra propia necesidad de que el otro se haga cargo del modo en el que nosotros no podemos hacernos cargo.

Juan venía siendo fiel a aquello que Dios le revelaba en su corazón pero que él, no lograba del todo descifrar. Sí tenía claro algo…era tiempo de poner orden y en su fidelidad, miraba hacia atrás y reconocía el modo en el que Dios había estado poniendo orden hasta el momento. Lo del hacha es muy duro pero eso esperaba Juan: que Papá viniera a poner orden.

Jesús le cambia el paso.
Dios cambia el paso en Jesús y Jesús, muestra su nueva estrategia.
No más castigo a los poderosos. Desde el primer día, los poderosos pese a los castigos, seguían haciendo opciones equivocadas, y en cada opción equivocada, dejando como se dice hoy, “daños colaterales”, vidas, miles de vidas sometidas a la oscuridad.
Lo transformador de Jesús, es precisamente en quiénes hace foco. Ya no más tratar de torcer el brazo de los poderosos (vencerlos, en definitiva, sería cercenarles la libertad). Para ellos habrá otra instancia.
No más. No por ahora.
Algo es más urgente.
Hay muchísimo trabajo por hacer y es a eso justamente a lo que viene a dedicarse.
Jesús viene a rescatar a los que ya no pueden hacer más opciones.

Con Juan se cierra todo un tiempo de relación de Dios con el hombre. Último profeta, es el último que va a tientas tras la intuición de Dios.
La venida de Jesús marca una nueva relación. Nueva Alianza.
Jesús se hace presente de un modo preferencial a los que sufren, porque los que sufren no pueden optar. A fuerza de haber sido machacados en el sufrimiento, quedan imposibilitados de vivir la plenitud de la libertad.

Libera del sufrimiento a aquellos que al reconocerlo, toman la primera decisión acertada de sus nuevas vidas que consiste, ni más ni menos que en decirle SÍ.

Antes y después de Cristo.

Jesús viene a rescatar a quienes creen que ya no pueden.
A quienes sienten que está dicha la última palabra.
A quienes todos les dicen que está dicha la última palabra.
A quienes todos les dicen que muy pronto, en su vida, estará dicha la última palabra.

¡Vas a ver cuando venga papá!
…y Papá vino, pero no a castigar, no a retar, no a poner en penitencia.

Papá vino a abrazar, a contener, a sanar. A recibir al equivocado, a buscar al perdido, a devolver la salud, la paz.

¡Vas a ver cuando venga papá!
Y Papá vino. Pero de un modo diferente.

En vez de poner las cosas en orden, devuelve la vida, que es muy superador a poner orden. Orden está subsumido en vida. Vivir la plenitud de la Vida, es mucho más que vivir ordenadamente. Jesús trae la plenitud y el orden viene en las alforjas de la plenitud; como la justicia, como la paz, como el amor.

De entre todos los “sin opción”, sin duda un grupo muy importante de ellos despertó en Jesús una predilección particular: los enfermos.

Aquellos a quienes se les presenta el futuro como muy incierto o bien, con un grado de “certidumbre” casi irresponsable, sentenciando y simplificando el tiempo por vivir a días, diagnósticos o estigmas.
Salud, para Jesús es otra cosa.

¿De qué querés ser curado? ¿Qué querés que haga por vos? Cosas así se le escuchan decir a Jesús frente a ciegos, paralíticos, leprosos.
Tus pecados te son perdonados…También frases como ésta, desconcertantes por lo acertadas.

Jesús ve al hombre de un modo integral y siempre lleva la salud (vida) allí donde se agazapa la verdadera muerte.

Porque la vida que se anticipa en el Adviento viene con todo y viene para vencer a la muerte, no importa cuál de ellas, pero siempre a la muerte que mata, justamente la muerte que venció Dios, en Jesús, al momento de decir la que hasta ahora sí, viene siendo la última palabra. VIDA

noviembre 17, 2010

Batalla final

Rezando con Lucas 23, 35-43

Jesús elige lo bueno aún en tiempo en que lo bueno era considerado malo.
¡Arriesgadísimo!
Rompe sus propias ataduras para entregarse a la búsqueda de la verdadera Verdad, y así, inaugura un Reino que no es de este mundo pero que sí, es el único que puede salvarlo.
Se arriesga muchísimo Jesús.
Nosotros vemos solamente cómo se arriesga a la cruz, pero antes, constantemente había estado arriesgándose a la muerte.

Antes que a la cruz, Jesús se arriesga al pecado.
Se zambulle en la humanidad hasta el límite de lo desconocido.
Deja la seguridad de su mundo, de su tiempo, de sus certezas, de su ley, y se arroja en las aguas profundas y oscuras de la transgresión (pecado de su tiempo) para salvar a los que estaban a punto de morir.

Cada curación, cada encuentro, cada mesa compartida a favor de la vida fue para Jesús arriesgarse a lo desconocido sólo dejándose guiar por la intuición de un corazón que le permitía intuir la Verdad. Zambullirse de mil modos en la muerte siempre buscando la vida.

Cada curación, cada encuentro, cada mesa compartida, cada perdón, cada abrazo, un chapuzón incierto pero siempre imprescindible.
Primero entre los primeros.
Caminando en un campo minado para salvar a los suyos.
No pecó, no porque no se haya arriesgado, sino, porque siempre logró encontrar la Verdad y en la Verdad, la verdadera libertad. Nuevo Adán de opción acertada.
Jugó su Reinado en cada esquina y lo jugó hasta tener que apostar todo e incluso, al punto de perder todo: amigos, discípulos, amores. Seguía la Verdad. Tenía que seguir. Nunca dejar de insistir.

Último minuto. Último chapuzón. Última jugada.

Sobre el final se vuelve a vislumbrar la victoria.
El primer ciudadano del Reino se abre paso mientras padece la misma aparente derrota.
Creo en vos, estoy con vos, ¿puedo acompañarte?...necesito creerte para sentir que no está dicha la última palabra. ¡Te creo!

En la primera línea frente al enemigo un diálogo.

Mientras la muerte cree asestar el golpe final, Él desclava su mano y toma la del primer ciudadano por derecho propio.

Hoy vas a estar conmigo.
La muerte era la puerta.
La muerte no lo sabía.
Mil escaramuzas, siempre vencida. Creía haberlo tomado por sorpresa.
No lo sabía.
Jesús tampoco, pero seguía al frente.
Hasta siempre. Hasta dar todo.
Se rasgó el velo del Templo.
El Dios de la Vida estaba atento.
Liberado de su encierro se lanza a su encuentro para el acto final.

Los hombres lo habían encerrado y sólo los hombres tenían en sus manos la decisión de liberarlo. Ese era el último bastión al que sólo se llegaba arriesgando lo único que no se podía perder.
Tenía la corona en sus manos, y lo coronó.
Todos los que lo habían seguido entendieron. Mucho después, pero entendieron. No habían comprendido cómo un Rey siempre era el primero, para ser el último; cómo, siendo el más importante, se ponía en primer lugar a la hora de la batalla.

Ejemplo.
Modelo.
Camino, Verdad. Vida.

Mil batallas peleó Jesús con la muerte, hasta que en la última, finalmente ganó.
Querido Jesús, dame el valor de seguirte; de seguirte en serio.

Amén.

octubre 28, 2010

28/10/2010: Día extraño

Somos lo que hay y eso es un tesoro.

Frente a la muerte, en la desnudez del dolor, la desprotección de la orfandad o la sorpresa del vació o la liberación (y hay mil modos más de sentirla), lo que nos apabulla y golpea no es otra cosa que la sencillez de la realidad.

Una noticia preanunciada mucho antes de nuestra propia existencia, sigue tomándonos por sorpresa siempre, irremediablemente; la muerte sorprende y golpea. Marca hitos. Cierra y abre etapas. Impulsa o retiene. Marca. No somos los mismos después, como tampoco lo fuimos antes de que esa persona pasara por nuestras vidas.

La muerte condensa en un instante esos cambios y los hace irrumpir en nuestro mañana de un modo siempre imprevisto.

Nadie está lo suficientemente preparado ni para partir ni para ver a los demás partir.

La realidad, con su sencillez apabullante, sin embargo, en algún momento nos muestra que aquello que es, finalmente ha sido, aunque nunca hubiéramos querido o podido aceptarlo.

¿Por qué voy reflexionando esto hoy? Porque también yo, en lo personal, vivo esta muerte de Néstor Kirchner con la misma perplejidad con la que fui pudiendo vivir todas mis demás muertes; en distintas intensidades y perspectivas, pero con la misma perplejidad.

La muerte no se puede resignificar sin animarse a entrar en la realidad.

Somos lo que hay. Fuimos lo que hubo. Aciertos, errores, amores, odios, éxitos, fracasos, luces, sombras. Humanidad y divinidad unidas. Cielo e infierno. Pasión y límites. Gracia y carga. Todo esto condensado en proporciones diversas más o menos felices, pero siempre mixtas. Fuimos lo que pudimos ser. El otro, el que partió, también fue lo que pudo ser. Finalmente, fue quien fue, así, íntegro, repleto de todos eso que lo constituyó.

Esa es la realidad que nos muestra la muerte. Realidad que, Jesús vino a transformar y que Dios luego, tuvo que sellar con la Pascua: no estaba dicha la última palabra. La última palabra de la muerte, la que termina por dirimir la discusión, a partir de Jesús es VIDA.

Frente a esta experiencia, siempre repetida y siempre inédita, hoy se me ocurren algunas pistas que comparto por si suman:

1º Agradecer. Sí, agradecer. En este caso, por lo pronto, Néstor Kirchner tomó sobre sí una responsabilidad que millones de argentinos preferimos siquiera intentar asumir; y lo hizo lo mejor que pudo seguramente. Y puso lo mejor de sí, sin dudas. Agradecer. Alguien que se carga al hombro tamaña empresa, más allá de cualquier bandería, ideología o postura, no puede haber pensado sólo en sí mismo. Agradezco que haya dicho que sí, y se haya hecho cargo.

2º Reconcilarme. Nada de lo pendiente puede seguir pendiente. Lo pendiente, después de la partida nos deja más ligados a la muerte que a la vida. No más pendientes. Ruego a Dios por su misericordia, con la misma humildad con la que rogaré para recibirla el día en que yo parta. Soy igual a Néstor. Idéntico. Y sólo yo, mirando mi vida y mi corazón, puedo leer cuántas veces con excelentes intenciones causé daño y cuántas otras, sin la menor pizca de intencionalidad, obre bien. Mi corazón es igual al de Néstor. No me conocía, pero sin embargo, en este punto nos conocíamos mucho. Reconciliación. Todo lo demás es muerte. Sigo pensando que ésta no tiene la última palabra.

3º “Pascualizar” el pasado. Neologismo este ensayado por un hermano sacerdote, con el que quiso (con éxito) acompañarme en la partida de mi madre. Pascualizar, según él, tenía que ver con atreverse a poner todo, pero todo, a la luz transformadora de Dios, justo en el momento en el que parecería ser que lo que manda es la oscuridad.

Lo bueno, naturalmente, trasciende por sí solo. De la historia, lo bueno se eleva al cielo. No necesita mucho más.

Complicada viene la mano con lo que es malo, considero malo o solamente pude vivir como malo.

No puedo aquí dejar de pensar en la paternidad.

Modelos. Experiencias. Ensayo y error. Vidas entregadas y gastadas en abrir caminos no siempre conducentes.

Observo la historia entonces con la mayor objetividad que mi subjetividad me permite, y sin intentar (por favor no) creer que conozco la verdad, miro los hechos negativos buscando en ellos también las oportunidades de cambio que representan de ahora en adelante para mi vida.

La vida del otro, entonces, es para mí camino.

Mucho de lo hecho, dicho, acertado o errado, es para mí aprendizaje.

Su vida agotada de presente, es ahora para mí, vida nueva en propuestas nuevas.


Decía al principio, somos lo que hay y eso es un tesoro.

Dios nos ilumine para ver en cada uno ese tesoro.

Dios nos ilumine para que podamos crecer en el compromiso.

Dios nos ilumine para que asumamos nuestros roles poniendo en ellos la vida.

Dios nos ilumine para que seamos signos de conciliación y reconciliación; para que nunca callemos y busquemos la verdad; para que la primera persona siempre sea un “vos”; para que abramos caminos; para que sepamos volver cuando nos equivocamos…Dios, hoy desde la Pascua de Néstor y mañana desde las enésimas Pascuas, nos siga iluminando.

No se si todo esto es lo que “había” que decir o pensar hoy, pero sí, tengo la certeza que es lo que me trajo paz, por eso lo comparto.

agosto 21, 2010

¿Estamos preparados para esto?

Rezando con Lc 13, 22-30

Hoy me tocó predicar este Evangelio a algunos de los "últimos" y me aclaró bastante el corazón.
Cada día hay más últimos a nuestro alrededor.
Últimos que han quedado retrasados, o bien, últimos que hemos dejado atrás, de lado, fuera.
Todo viene bien para dejar gentes en el camino; lo importante es estar primeros.
Ser último hoy es cosa de tiempo para muchos y para otros, realidad irrefutable, casí condena inapelable.
Cuando Jesús habla de últimos, lo hace, a la luz de sus gestos, con una literalidad tremenda.
Mientras enseña a sus amigos a vivir como Dios manda, va encontrando últimos y los va haciendo los primeros.
No dice nada nuevo en este pasaje San Lucas, simplemente pone en palabras la opción de Jesús que tanto agigoneó a los primeros de su tiempo, al punto de costarle la Cruz.
Y quizás, por esto nos cuesta tanto a muchos siquiera pensarlo.
"Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos".
Muchos miramos la vida desde nuestro lugar de primeros.
Entendemos la realidad desde los primeros lugares.
Creemos que estar primeros es nuestro mérito y por eso, estas posiciones privilegiadas no nos pueden ser quitadas.
Jesús pasa su vida recogiendo últimos.
Mujeres, niños, leprosos, paralíticos, ciegos, pecadores, paganos...muertos. Todos últimos. Últimos que sistemáticamente pasa al frente de la fila. Últimos que por el dolor o las heridas, tuvieron la fe de reconocerse últimos pero nunca perdieron la esperanza. Es la fe la que salva siempre en estos encuentros. Fe que está por delante del yo de cada uno y que ya ablandó la coraza del "puedo solo" al punto en que pueda pasar el Amor.

Puedo hacerme último todavía. Puedo, en realidad, reconocerme uno de los enésimos últimos todavía. Tengo que aceptar dejar de ser de los primeros. Necesito humildad. Cantidades industriales de humildad para poder entender y asumir que no soy mejor que nadie, que no logré salvarme por mis obras, que no soy ni más bueno, ni más santo. Que aquello que tanto disfruto lo recibí gratis y que mucho de lo que sufro, es obra de mis propios límites. Puedo todavía, tal vez en un encuentro profundo con Él, sin que nadie me vea y sin que nadie me oiga, decirle, "Querido Jesús, te necesito". El milagro estará hecho. Habré bajado varias posiciones en la tabla ya no entenderé este Evangelio como una advertencia, sino lo que es mucho mejor, como un canto de esperanza.
¡Querido Jesús, te necesito!
Amén

enero 26, 2010

Volver

Bueno, esperemos ahora sí poder volver.
Mucho tiempo sin escribir y los dedos van perdiendo el ejercicio de expresar lo que se siente.
Pido perdón a quienes tenían el hábito de pasar por aquí y de pronto, dejaron de tener lectura fresca. Dios mediante, este año voy a retomar esta buena costumbre del compartir.
Por algún extraño fenómeno tecnológico, perdí todos los enlaces de blogs amigos; también intentaré recuperarlos.

agosto 05, 2008

Esperanza

Hoy siento que la esperanza para el cristiano, es como la cuerda del equilibrista.
Anclada en el pasado y las certezas de su propia vida, se proyecta en tensión indefinida hacia un futuro que no conoce pero en el cual confía.
Va de la certeza a la promesa.
De un extremo al otro.
De lo conocido a lo desconocido.
Nosotros, sobre ella, caminamos intentando mantener el equilibrio para avanzar lo más rápido posible hacia la meta.
En el mientras tanto alternativamente caemos víctimas de un mal paso o bajamos a descansar; con suerte, un poco y un poco.
Si perdiéramos uno de los dos amarres de los extremos, historia o promesa, la cuerda también perdería su tensión y quedaríamos entonces recluidos a vivir una existencia que sólo tendría sabor a presente. Por eso, perder la esperanza nos lleva casi irremediablemente a perder el sentido de la vida.
Quizás, el secreto sea lograr siempre fortalecer los amarres: gratitud y fe.
Ambos son Gracia y búsqueda.
Si estoy caído, ambos tengo que revisar a la hora de intentar volver a caminar.
En eso ando.
Amén